Un retroceso histórico frente a la producción externa
El dato más alarmante del relevamiento es la pérdida de terreno frente a la mercadería extranjera. El 37% de las pymes industriales reportó haber sido desplazada del mercado por productos importados, la cifra más alta registrada desde que se inició la serie en 2007. Dentro de esta amenaza, China aparece como el verdugo principal, concentrando el 73,3% de las menciones de las empresas afectadas.
Esta situación confirma las peores advertencias sobre los riesgos de una apertura comercial indiscriminada frente a economías con fuerte intervención estatal. Mientras el mercado local se inunda de productos externos, la industria nacional se desangra: el empleo en el sector ya cayó un 4,6% en el último año, golpeando con especial saña a las empresas más pequeñas, de entre 10 y 49 empleados.
La pinza de costos y la ruptura de pagos
El informe describe un escenario de «pinza» financiera: el 81% de las empresas enfrentó aumentos en sus costos de producción, pero la recesión y el bajo dinamismo de ventas impidieron que la mayoría trasladara esos incrementos a los precios. El resultado es una rentabilidad pulverizada que ya impacta en la cadena de pagos.
El 52% de las pymes registra retrasos en los cobros de sus clientes.
El 35% admite que ya tiene serias dificultades para cumplir con sus obligaciones con bancos, proveedores y el fisco.
Expectativas por el suelo
Los indicadores de confianza empresarial se hundieron a 44 puntos, muy lejos del umbral de neutralidad. Incluso sectores que solían ser resilientes, como el software y los servicios informáticos, empezaron a mostrar signos de agotamiento con su primera caída interanual desde la pospandemia. Sin un cambio en el rumbo competitivo, el informe de la Fundación Observatorio Pyme deja claro que la industria nacional enfrenta una amenaza estructural de desaparición en un contexto de fragilidad financiera y abandono estatal.
Andresito nació en plena retirada de la dictadura (agosto 1983), como refugio para 150 familias yerbateras golpeadas por la concentración industrial. Durante cuatro décadas, resistió hiperinflaciones y devaluaciones, con producción pico de 22.000 toneladas anuales en 2022. Pero en 2024, la sequía redujo el rendimiento en 35% (de 6.500 a 4.200 kg/ha), mientras los precios internacionales cayeron de USD 2,5 a 1,8 el kilo (datos FAO). Localmente, el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) reporta costos de producción en $1.250/kg (mano de obra 45%, insumos 30%, logística 25%), frente a un precio al productor de poco más de $424/kg –un margen negativo tremendo-.




