Lejos de la retórica de la transparencia, lo que emerge es una banda de lúmpenes, lobistas audaces y especialistas en esquemas Ponzi que utilizaron la estructura del Estado y la cercanía con el mandatario para beneficio propio, en una dinámica donde todo indica que Milei funcionaba como la cara visible y el principal activo publicitario de estos operadores.
Desde enero de 2024, a solo semanas de la asunción del gobierno nacional, Novelli ya se movía con una impunidad asombrosa, presentándose ante los directivos del Hotel Libertador como «el amigo de Kari y Javi». Los chats confirman que el operador organizaba eventos de supuesta «educación financiera» -eufemismo habitual en el mundo de las estafas cripto- invocando directamente el nombre del presidente ultraderechista para recaudar fondos y cerrar negocios con «empresarios multimillonarios». Esta red de contactos no era externa: Novelli mantenía diálogos fluidos con Roxana Cozzo y Mara Gorini, ambas integrantes del «círculo áulico» de Karina Milei, coordinando desde el búnker del hotel hasta la seguridad presidencial para encuentros privados con sponsors internacionales.
La audacia de estos lúmpenes del mundo financiero llegó al punto de gestionar habitaciones de lujo en el mismo piso donde se alojaban los patrocinadores, pidiendo trato preferencial para Novelli y Manuel Terrones Godoy. Los mensajes de audio y texto dejan al descubierto un manejo de fondos de dudosa procedencia; en octubre de 2024, Novelli llegó a avisar por chat que trasladaba «5 millones en efectivo» para saldar deudas del evento Tech Forum, un encuentro donde el presidente ultraderechista fue la estrella principal. Este desfile de lobistas y supuestos expertos en blockchain no parece ser una coincidencia, sino parte de un esquema donde el entorno presidencial facilitaba el acceso al poder a cambio de financiar una estructura de influencia paralela.
La querella sostiene que esta «unidad de negocios» excedía largamente el caso del token $LIBRA, configurando un ecosistema de negocios turbios donde la investidura presidencial se alquilaba para darle legitimidad a eventos que atraían a capitales especulativos. El informe de la DATIP es lapidario: muestra a un Novelli envalentonado, entrando a la Casa Rosada en su Mercedes Benz y bromeando con «cerrar todo el hotel» para la próxima convención. La cercanía era tal que el operador pedía entrar a solas con Javier Milei para «ponerlo en tema» antes de sus discursos ante los CEOs, lo que refuerza la hipótesis de que el actual mandatario era la pieza necesaria para que esta banda de estafadores pudiera operar a gran escala.
En definitiva, el escándalo por el lanzamiento de la criptomoneda $LIBRA no es un hecho aislado, sino la punta del iceberg de una gestión que ha abierto las puertas del Estado a personajes oscuros del submundo financiero. Mientras el discurso oficial pregona un cambio de era, la realidad que surge de los expedientes judiciales muestra a un grupo de lobistas aprovechando la estructura pública para montar negocios privados bajo el amparo del presidente ultraderechista. La pregunta que ahora debe responder la Justicia es hasta qué punto esta red de lúmpenes y estafadores Ponzi condicionó las políticas de un gobierno que, desde sus inicios, parece haber sido el escenario montado para una estafa mucho mayor que la de un simple token digital.