Esa imagen que devuelve el espejo no es tan dramática si nos quedásemos un rato más mirando esos detalles que en el pantallazo nos dicen que nos estamos poniendo viejos, como si fuera una condena.
En esa contemplación consciente podemos encontrar mucho más que arrugas, manchas, canas o ausencia de cabello que supo estar.
Ahí hay memoria de una experiencia real, única, que solamente pertenece al que toma conciencia de lo vivido y lo que aún le queda vivir, sin que sea necesario por ello sumergirse en procedimientos para rejuvenecer y volver a un pasado (visual) imposible de recuperar tal como fue décadas atrás.
Esto es la apariencia. Lo superficial.
Y claro que uno quiere verse bien. Por eso es que puede apelar a esos recursos estéticos y también a vestirse de un modo que implique bienestar.
Cuando hagamos eso tengamos presente que hay algo que es improbable: la juventud eterna.
Estamos siendo bombardeados por mensajes que demonizan la vejez como si fuera algo evitable y caemos en la trampa de creer que efectivamente no somos viejos, aunque vivamos muchos años. Queremos huir de ahí porque la vejez es mala, es necrosante, como una enfermedad terminal, de la que podemos escondernos maquilládonos para ser y sentirnos jóvenes.
¿Los viejos deberíamos entonces resignarnos, abandonar nuestros cuidados y andar por ahí sin darle importancia al aspecto?
De ninguna manera.
Nuestra imagen (que es representativa también de nuestra salud) deber ser cuidada, aceptando que llegamos al futuro (la vejez) y que es un tiempo nuestro, de descubrimientos y de aprendizaje permanente en relación con otros (y es de esperar que con personas de distinta edad).
Siguiendo las indicaciones del manual de envejecimiento saludable se nos hará mucho más fácil sumar vida a los años, que éstos vienen solos.
Lo que fuimos ya fue. Lo que somos y seremos es lo que realmente importa.
La maratón de la vida es una carrera bien larga y no siempre estamos bien entrenados para gestionar la vejez sin morir en el intento (aunque suene paradójico), pero cada día es una oportunidad para seguir corriendo. (Alejandro Miravet)