No hace falta ser de izquierda para entender que hay frases que no deberían salir de la boca de una funcionaria electa, y menos de una maestra de escuela primaria. Pero Patricia Buckmayer, concejal de La Libertad Avanza en Montecarlo y docente de oficio, parece haber hecho de la provocación extrema su marca de campaña. En un streaming viralizado este martes 15 de septiembre, la funcionaria repitió sin pudor una expresión atribuida al presidente Javier Milei: “Me chupa la pija la opinión de los zurdos”.
Lejos de presentarlo como un exabrupto, Buckmayer lo reivindicó como parte de su identidad política: “Es la frase de nuestro Presidente y yo me identifico con esa frase”, dijo, antes de agregar que “el hate es lo que te hace crecer”. No es la primera vez que la concejal de Montecarlo protagoniza un episodio de este tipo. En 2025, compartió en sus redes una imagen de un Ford Falcon verde junto a la frase: “Con un baúl mejorado apto para acarrear zurditos llorando”.
El Falcon verde, para quien necesite recordatorio, es el vehículo que quedó asociado a los grupos de tareas de la última dictadura cívico-militar. La publicación de Buckmayer generó repudios, denuncias judiciales y hasta su suspensión temporal como docente. Ahora, a pocos días de la visita del presidente a Misiones, la concejal vuelve a instalar un lenguaje que no es solo vulgar: es violento, estigmatizante y deliberadamente ofensivo.
La escalada del lenguaje violento
El episodio de Buckmeaer no es un hecho aislado. Se produce en un contexto de escalada del lenguaje violento instalado desde el propio presidente Javier Milei, que tiene su reproducción en personas nefastas como la concejal de Montecarlo o la joven Ari Godoy.
El 7 de septiembre, Godoy, una referente juvenil de La Libertad Avanza en Oberá, quedó filmada mientras decía “qué asco que da esta negrada” al pasar frente a una manifestación de yerbateros que cortaban la ruta en protesta por la situación del sector. La expresión, cargada de racismo y clasismo, generó un repudio generalizado y abrió un debate sobre los límites del discurso político en Misiones.
La expresión fue calificada como racista y clasista y generó un fuerte repudio político y social en la provincia, especialmente por dirigirse a trabajadores del campo que reclaman precios justos para la yerba mate.
El ministro del Agro y la Producción de Misiones, Facundo López Sartori, salió a defender a los yerbateros y criticó la frase: “No se trata de repudiar a una joven por una expresión desafortunada, sino de reflexionar sobre lo que decimos. Llamar ‘negrada’ al reclamo de productores yerbateros no es una frase inocente”.
Desde los espacios libertarios este tipo de episodios aberrantes no merecen comentario alguno, más que minimizar los hechos o insólitamente poner en dudas si realmente ocurrieron.

Patricia Buckmayer y Ari Godoy, cortadas por la misma tijera libertaria
Ambos casos, el de Godoy y el de Buckmayer, muestran cómo el lenguaje violento y deshumanizante se ha normalizado en ciertos sectores del oficialismo provincial. No se trata de “libertad de expresión” en abstracto, sino de un modelo de conducta que legitima el insulto, la estigmatización y la agresión verbal como herramientas políticas válidas.
¿Merece alguna observación desde el Concejo Deliberante?
Si los dichos de Buckmayer merecen alguna observación desde el Concejo Deliberante de Montecarlo, adonde llegó por la vía democrática de los comicios, es una cuestión que queda abierta. Pero lo que no admite dudas es la incongruencia de que el sistema educativo sostenga en funciones a una docente que representa un modelo de conducta repudiable, para nada de acuerdo con los valores de intercambio de opiniones civilizado.
Buckmayer cree que la libertad de expresión es ilimitada. En rigor, es cada persona, con sus principios y valores, quien debe aplicar los filtros en los espacios donde esa libertad de expresión es ejercida. Una maestra de escuela primaria, más que nadie, debería saber que las palabras tienen consecuencias. Que los insultos no son “opiniones” y que la violencia verbal no es un derecho, sino una forma de agresión.
La peor de todas

La concejal y docente de Montecarlo, Patricia Buckmayer, y el diputado nacional Diego Hartfield (también blanco de críticas por sus desacertadas intervenciones en el Congreso de la Nación).
Entre Ari Godoy, que dijo “qué asco esta negrada”, y Patricia Buckmayer, que repite insultos sexuales y reivindica el Falcon verde, no hay competencia posible: la concejal de Montecarlo es, hasta ahora, la peor de todas. No solo por la gravedad de sus dichos, sino por la insistencia en normalizarlos como parte de su identidad política.
El lenguaje violento no es una “forma de ser”. Es una elección. Y cuando esa elección la hace una funcionaria electa y una docente, las consecuencias trascienden lo político: afectan la convivencia, la educación y la democracia misma.