La explicación a esta suba, que parece una contradicción frente a los pagos de u$s18.033 millones realizados en el mismo mes, reside en los mecanismos de actualización de los bonos. El stock aumentó principalmente por tres factores que el «relato» suele omitir: la capitalización de intereses, los ajustes por inflación (CER) y la conversión de moneda. Solo por el impacto de la inflación en los títulos indexados, la deuda sumó u$s3.410 millones, mientras que otros u$s3.171 millones se agregaron por intereses que no se pagaron en efectivo, sino que se sumaron al capital original. Es una bola de nieve técnica que crece mientras el discurso oficial se enfoca únicamente en el resultado primario.
Desde que comenzó la gestión del presidente ultraderechista en noviembre de 2023, la deuda bruta acumuló un incremento superior a los u$s35.378 millones. Si bien el Ministerio de Economía intenta matizar estos números hablando de «deuda consolidada» (sumando los pasivos del Banco Central), la realidad de la Administración Central es que los compromisos totales pasaron de u$s425.556 millones a los actuales u$s460.934 millones. Este aumento sostenido pone en duda la efectividad de la estrategia oficial para desendeudar al país, ya que el traspaso de pasivos del BCRA al Tesoro solo cambia la deuda de «bolsillo», pero mantiene el peso sobre el lomo del Estado.
Un dato alarmante es la composición de estos compromisos. El 57% de la deuda está denominada en moneda extranjera, lo que vuelve al país extremadamente vulnerable a cualquier vaivén del tipo de cambio o falta de reservas. Además, los organismos internacionales siguen siendo acreedores de peso: solo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) la deuda asciende a u$s57.744 millones. A esto se suma un calendario de vencimientos asfixiante para los próximos meses, con picos en abril, junio y julio que superan los $20 billones, concentrados mayoritariamente en bonos ajustados por inflación que siguen retroalimentando el stock.
En definitiva, los números de enero demuestran que pagar no siempre significa deber menos en el esquema financiero actual. La estrategia de «limpiar» el balance del Banco Central cargando al Tesoro, sumada a la altísima dependencia de instrumentos indexados, genera un efecto de crecimiento automático de la deuda que el discurso libertario no logra explicar. Mientras el Gobierno celebra el equilibrio fiscal, el stock de deuda bruta sigue marcando récords, recordándonos que los intereses y la inflación son motores que funcionan con independencia de las promesas de campaña.

