Argentina / Economía | La «guerra» como factor ausente: Sombrío pronóstico de De Pablo que pone en alerta la narrativa de Milei

El escenario inflacionario de la Argentina sumó una nueva señal de alarma tras conocerse que el IPC de marzo escaló al 3,4%, acumulando un 9,4% (11,5 en el NEA) en lo que va del año. Si bien el número por sí solo representa una aceleración respecto al mes anterior, el economista Juan Carlos de Pablo -una de las voces más escuchadas por el Ejecutivo- advirtió sobre un componente "ausente" que todavía no ha descargado su impacto total en las góndolas locales: el conflicto bélico en Medio Oriente.

Según el analista, la suba del combustible y el encarecimiento de la energía derivados de la guerra son factores que ya sacudieron a potencias como Estados Unidos, pero que en nuestro país aún funcionan como una presión latente que podría explotar en los meses venideros.

Para De Pablo, la calma relativa en ciertos precios regulados es engañosa, ya que la inflación núcleo -aquella que excluye estacionales y tarifas- volvió a perforar el techo del 3%, situándose en un 3,2%. El economista comparó la situación local con la estadounidense, donde el encarecimiento del gasoil llegó al 21,2%, provocando una triplicación de su tasa de inflación mensual. «Hay que tener cuidado», sentenció, sugiriendo que la Argentina no podrá permanecer blindada por mucho más tiempo al shock externo que encarece los costos de logística y producción a nivel global, lo que podría recalentar el índice de precios justo cuando el Gobierno busca consolidar una tendencia a la baja.

Desde la Casa Rosada, Javier Milei, el presidente ultraderechista, reconoció que el 3,4% de marzo es un “número malo”, aunque intentó bajarle el tono a la preocupación de los mercados pidiendo «paciencia». Durante su intervención en el AmCham Summit, el mandatario argumentó que este salto no representa un cambio en la tendencia de fondo, sino un ajuste puntual en el nivel de precios. Según su visión, la política monetaria se mantiene firme y la inflación terminará convergiendo a niveles internacionales, restándole importancia al impacto inmediato y enfocándose en que el equilibrio de largo plazo sigue intacto a pesar de las turbulencias externas.

El análisis técnico Milei buscó diseccionar el índice para encontrar señales de optimismo. El mandatario afirmó que, si se depura la inflación núcleo eliminando el efecto de la carne, la «verdadera subyacente» se mantendría en un 2,5%, igual que el mes anterior. Con este diagnóstico, el Ejecutivo intenta convencer a los actores económicos de que el proceso de desinflación no se ha detenido, sino que ha sido «ruidoso» debido a factores puntuales, aunque las advertencias de sus propios asesores externos como De Pablo sugieren que el camino hacia la estabilidad será mucho más sinuoso.

En este contexto de incertidumbre, la mirada de los especialistas está puesta ahora en abril y en la capacidad de absorción de los consumidores. Mientras De Pablo cuestiona la supuesta baja capacidad de compra de alimentos y apunta al costo del financiamiento con tarjetas de crédito como el verdadero cuello de botella, la realidad es que la suba de combustibles ya impacta de forma directa en toda la cadena de valor. La «moraleja» del economista es clara: la Argentina todavía no sintió el pleno impacto de la crisis energética mundial, y ese factor —hasta ahora invisible en las estadísticas del INDEC— podría ser el que determine si el plan económico logra domar los precios o si se enfrenta a un nuevo rebrote inflacionario.