Hasta septiembre de 2025, el promedio de conflictos mensuales en el país se mantenía en 24 casos, pero tras los comicios, la cifra trepó a 42, y Misiones fue una de las jurisdicciones que más empujó ese promedio hacia arriba. El disparador fundamental en la tierra colorada fue el conflicto en la industria yerbatera, donde los productores decidieron suspender la cosecha de hoja verde «hasta nuevo aviso». Esta medida, tomada ante la imposibilidad de cubrir los costos de producción con los precios actuales, generó un efecto dominó que afectó a tareferos, secaderos y cooperativas, paralizando el corazón productivo de la provincia.
A este escenario de crisis agraria se sumó el impacto directo en el sector manufacturero, donde el goteo de despidos se volvió una constante bajo el programa económico del presidente ultraderechista Javier Milei. Un ejemplo paradigmático de este proceso ocurrió en enero de 2026 en la planta del Grupo Dass, en Eldorado, donde 43 trabajadores fueron desvinculados debido a la estrepitosa caída de la demanda interna. La combinación de apertura importadora y recesión ha dejado a las industrias locales sin margen de maniobra, transformando las suspensiones en cierres definitivos.
El informe de CEPA es contundente al señalar que el 63,6% de los casos de conflictividad en este periodo corresponden a despidos, un fenómeno que golpea con especial dureza a las pymes misioneras. Al ser empresas de capital nacional y estructura familiar, su capacidad de resistencia ante la caída del consumo es mucho menor que la de las grandes corporaciones. Para el presidente ultraderechista, este foco de conflicto en el NEA representa una señal de alerta sobre el agotamiento de las economías regionales que, hasta hace poco, no figuraban con estos niveles de alarma en el mapa federal.
Hoy, Misiones se ubica apenas por debajo de Buenos Aires, La Rioja y Santa Fe en términos de conflictividad, un ranking que históricamente no integraba. La aceleración del conflicto que comenzó en octubre de 2025 marca un antes y un después en la provincia, evidenciando que la crisis de la yerba mate y el enfriamiento industrial han configurado un escenario de alta volatilidad social. Sin una recomposición de los precios básicos para el agro y una reactivación del mercado interno, la tendencia que se disparó a finales del año pasado promete profundizarse durante todo el 2026.

