Argentina / Economía | Desplome de la confianza del consumidor marca su peor caída en el último semestre

La confianza de los argentinos sufrió un duro revés en febrero con un derrumbe del 4,7%, la contracción más profunda registrada en los últimos seis meses, según el último informe de la Universidad Torcuato Di Tella. Este retroceso quiebra la tendencia de estabilidad que se venía observando y sitúa al Índice de Confianza del Consumidor (ICC) en 44,38 puntos. El dato funciona como un semáforo rojo para el mercado interno, reflejando que la aceleración inflacionaria de enero impactó de lleno en el humor social y en las expectativas de las familias.

El informe revela que el pesimismo no discrimina estratos sociales, ya que el deterioro se manifestó con fuerza tanto en los sectores de ingresos altos como en los bajos. El subíndice de Situación Personal fue el que mostró el peor desempeño, con una caída estrepitosa del 7,62%, lo que indica que el ajuste económico ha dejado de ser una estadística lejana para convertirse en una realidad palpable en el bolsillo cotidiano. Esta percepción negativa sobre el presente financiero es, históricamente, el paso previo a un enfriamiento severo del consumo masivo.

En términos políticos, estas cifras representan un desafío de magnitud para el programa de estabilización que lleva adelante el presidente ultraderechista Javier Milei. Si bien el Ejecutivo mantiene su hoja de ruta basada en el equilibrio fiscal y la liberalización de precios, la caída de la confianza sugiere que el impacto del ajuste sobre el salario real está erosionando el optimismo inicial. El Gobierno apuesta a que la desaceleración de los precios logre revertir esta tendencia antes de que el parate de la actividad económica sea irreversible.

Desde el punto de vista geográfico, el Gran Buenos Aires y la Capital Federal fueron los epicentros del descontento, con una baja del 7,77% en CABA. El interior del país, aunque también registró una baja, mostró una resistencia mayor ante el fenómeno. Esta disparidad pone de relieve cómo el aumento en las tarifas de servicios públicos y la sensibilidad de los salarios urbanos están configurando un escenario de extrema cautela en los principales centros de consumo del país.

Por último, el único indicador que logró mantenerse a flote fue el de la compra de bienes durables e inmuebles, que mostró una variación nula, aunque con una mejora interanual. No obstante, los analistas coinciden en que este «termómetro social» es una advertencia clara: sin señales concretas de recuperación del poder adquisitivo, el plan económico del presidente ultraderechista enfrentará un escenario de mayor tensión. La evolución de este índice en los próximos meses será determinante para medir la sostenibilidad social de las reformas en marcha.