Argentina / Política | La Fundación Mediterránea advierte que sin industria nacional no hay país que valga

La presidenta de la Fundación Mediterránea, María Pía Astori, lanzó una advertencia que sacudió los cimientos del pensamiento económico actual al asegurar que sin industria nacional "no hay país que valga", un giro discursivo que cobra una dimensión sísmica por provenir de un órgano empresarial de raíces netamente liberales.

En el marco de un tenso encuentro anual en Córdoba y bajo la mirada atenta del ministro de Economía, Luis Caputo, la empresaria no solo reclamó un cambio de rumbo, sino que sembró una duda inquietante sobre la sostenibilidad del modelo vigente, exigiendo para el sector manufacturero un trato de «coherencia» similar al que aplica Estados Unidos frente al avance global.

Esta postura marca una distancia evidente con el discurso oficial reciente, donde el presidente ultraderechista Javier Milei calificó a los industriales de «prebendarios» y los acusó de «robar legalmente» mediante esquemas proteccionistas. Astori, referente del Grupo Astori en el sector de la construcción, contrapuso a esa visión la urgencia de reglas claras, previsibilidad e instituciones sólidas, argumentando que el Estado requiere de un sector privado fuerte y competitivo para sostener la estructura económica del país.

La contundencia del mensaje se alinea con la histórica proclama de la Unión Industrial Argentina (UIA), que recientemente rescató la frase de Carlos Pellegrini: «Sin industria no hay Nación». El hecho de que la Fundación Mediterránea, cuna de planes económicos de corte liberal en décadas pasadas, suscriba a esta defensa del mercado interno y la manufactura local, expone una grieta profunda entre la teoría de la desregulación absoluta y la realidad operativa de las empresas que sostienen el tejido social.

Uno de los puntos más sensibles del discurso fue la referencia a la competencia internacional, específicamente respecto al avance de los productos provenientes de China. Astori reclamó una «sana competencia» pero con los resguardos que las potencias mundiales aplican a sus propias fronteras, sugiriendo que la apertura comercial indiscriminada podría herir de muerte a la producción local si no se establecen mecanismos de cuidado y coherencia similares a los que hoy rigen en el hemisferio norte.

Finalmente, el encuentro dejó en claro que la tensión entre la Casa Rosada y el sector productivo está lejos de disiparse, especialmente tras las acusaciones cruzadas de los últimos días. Mientras el Gobierno nacional mantiene su retórica de choque contra las estructuras tradicionales del empresariado, los líderes industriales refuerzan su posición de resistencia, advirtiendo que el ajuste y la falta de incentivos a la producción nacional ponen en riesgo la existencia misma de la Argentina como país desarrollado y soberano.