Los datos publicados hoy por el INDEC revelan que el Estimador mensual de actividad económica (EMAE) registró una caída del -2,1% interanual en febrero de 2026. Esta cifra no solo expone la fragilidad del modelo actual, sino que se agrava al observar la medición desestacionalizada, que arroja un derrumbe del -2,6% respecto al mes de enero, confirmando que la recesión continúa profundizándose en el corto plazo a pesar de las promesas de una salida inminente.
Para comprender la magnitud de este informe, es necesario precisar qué es el EMAE. Se trata de un indicador clave que publica el INDEC mensualmente para seguir la evolución de la actividad económica del país de manera anticipada al dato del Producto Interno Bruto (PIB). Su función principal es servir como un «termómetro» en tiempo real que permite detectar cambios en el ciclo económico, midiendo cómo se comportan los distintos sectores productivos y permitiendo proyectar si la economía está en una fase de crecimiento o, como ocurre actualmente, en un proceso de contracción.

Los datos del INDEC muestran una caída estrepitosa de la economía y el relato libertario ya es imposible de mantener.
La estructura de esta caída tiene responsables claros dentro de la matriz productiva: la industria y el comercio son los sectores que hoy traccionan el índice hacia abajo ante el feroz ajuste del presidente ultraderechista. La Industria manufacturera sufrió un retroceso del -8,7% interanual, mientras que el Comercio mayorista, minorista y reparaciones anotó una baja del -7,0%. La parálisis en las fábricas y el freno total en el consumo no son datos aislados, sino el resultado directo de una política económica que ha priorizado el recorte del gasto y la licuación de ingresos sobre el sostenimiento del mercado interno.
El impacto de estos dos sectores es tan determinante que, entre ambos, le restaron 2,2 puntos porcentuales a la variación interanual de la economía argentina. Mientras el sector fabril intenta subsistir en un escenario de costos crecientes y demanda inexistente, el comercio refleja el agotamiento del bolsillo de los ciudadanos, quienes ya no pueden convalidar los precios del mercado. Este parate comercial y fabricante se ha convertido en el lastre principal que impide cualquier intento de mejora que el oficialismo pretenda instalar en la agenda pública a través de su relato publicitario.
En la otra vereda, los únicos sectores que muestran cifras positivas son aquellos vinculados a la extracción de recursos naturales y actividades primarias, lejos del bienestar del ciudadano común. La Pesca creció un 14,8% y la Explotación de minas y canteras un 9,9%, seguidas por el sector del agro con un 8,4%. Sin embargo, el dinamismo de estas áreas extractivas es insuficiente para compensar el hundimiento general de la economía real, aportando apenas 0,8 puntos porcentuales frente al peso negativo de la industria y el comercio que afecta a las grandes mayorías trabajadoras.
Finalmente, el informe del INDEC deja al descubierto una economía de dos velocidades que no logra equilibrarse y que desmiente el optimismo del gobierno libertario. Mientras el modelo de exportación de materias primas sobrevive, el corazón de la actividad urbana y laboral de Argentina -la manufactura y el consumo- se desangra ante la falta de incentivos y la caída estrepitosa del poder adquisitivo. Con una caída acumulada en lo que va del año, los datos oficiales terminan por demoler el discurso oficial, dejando en claro que el ajuste tiene un costo productivo que ya no se puede ocultar con retórica de redes sociales.
Informe completo del INDEC: emae_04_2625D4351435

