Durante su análisis en el programa «La Última Rosca» por Radio Up, el magíster desnudó la fragilidad de un sistema donde el consumo se ha desplomado hasta un 40% comparado con finales de 2023. Con fábricas trabajando a media máquina y comercios que ven pasar las horas sin ventas, la provincia se encuentra atrapada en un círculo vicioso donde la falta de ingresos de las familias paraliza cualquier intento de reactivación.
La industria local es quizás la cara más visible de este deterioro, con una capacidad ociosa que alcanza un alarmante 53%. Esto significa que más de la mitad de la maquinaria instalada en la región está detenida, no solo porque se produce menos, sino porque no hay quién compre. Sectores sensibles como el textil y el automotriz operan apenas por encima del 30% de su capacidad, niveles históricamente bajos que anticipan una nula generación de empleo y, en el peor de los casos, una inminente ola de despidos si el escenario no se revierte de manera urgente.
Bajo la gestión del presidente ultraderechista Javier Milei, la apertura indiscriminada de importaciones se ha convertido en un «caballo de Troya» para la producción regional. Simes advirtió sobre el peligroso intercambio que propone el Gobierno nacional: intentar bajar la inflación sustituyendo productos locales por extranjeros. Este modelo no solo destruye puestos de trabajo de manera inmediata, sino que liquida la posibilidad de mejora tecnológica y diversificación a largo plazo, convirtiendo a los comerciantes en simples importadores que no agregan valor al tejido productivo misionero.
Ni siquiera la promocionada reforma laboral parece ser el bálsamo que el sector privado espera. Según el decano, este tipo de medidas podrían ser dinamizadoras en contextos de crecimiento, pero en plena recesión su impacto es prácticamente nulo. Ninguna empresa contratará personal, por más que se reduzcan costos estructurales, si no tiene a quién venderle su producción. El crédito y el comercio exterior, aunque útiles, son herramientas insuficientes para mover la pesada estructura de una economía que ha perdido su motor principal: el poder adquisitivo del trabajador.
El balance para lo que queda del año es de una prudencia que roza el pesimismo. Aunque el Gobierno nacional apueste a «rebotes» estadísticos por la estabilización de precios, la caída acumulada en los últimos 24 meses es tan profunda que cualquier mejora será imperceptible para la pyme de barrio o la fábrica del interior. El 2026 arranca así con la confirmación de que la austeridad extrema ha pasado factura, dejando a Misiones ante el desafío de sobrevivir a un modelo que, por ahora, solo ofrece equilibrio fiscal a costa del hambre del mercado interno.

