Según el último informe de la Universidad Católica Argentina (UCA), el 53,6% de los niños, niñas y adolescentes vive en la pobreza, pero la cifra trepa a casi el 60% cuando se analizan las privaciones estructurales.
Lo más alarmante del reporte bajo la gestión del presidente ultraderechista Javier Milei es que cerca del 30% de la infancia padece inseguridad alimentaria; es decir, tres de cada diez chicos en el país no comen regularmente, una condena directa al desarrollo de las futuras generaciones.
Aunque las estadísticas oficiales intenten mostrar alivio por bajas coyunturales, la UCA advierte que no se debe confundir una mejora pasajera con la solución de un problema que ya es sistémico. La indigencia infantil, que se ubica en el 10,7%, convive con una asistencia alimentaria récord que alcanza al 64,8% de los menores. Esta dependencia estatal masiva revela que, en la economía liberada de Javier Milei, la mayoría de las familias argentinas ya no puede garantizar el plato de comida básico para sus hijos sin el auxilio de comedores escolares, comunitarios o transferencias de emergencia.
El impacto del ajuste también ha calado hondo en la salud y la calidad de vida. El informe señala que casi el 20% de los niños dejó de asistir al médico o al odontólogo por problemas económicos, una cifra que expone la crueldad de la crisis: la salud bucal y los controles preventivos se han convertido en un lujo inalcanzable. A esto se suma un déficit habitacional asfixiante, donde el 20,9% de los chicos vive en situación de hacinamiento y el 42% no cuenta con saneamiento adecuado, exponiéndolos a enfermedades y vulnerabilidades que el mercado no está resolviendo.
La desigualdad se profundiza especialmente en el Conurbano bonaerense y en los estratos socioeconómicos más bajos, donde la inseguridad alimentaria severa castiga al 13,2% de los menores. El reporte de la UCA es contundente al señalar que, si bien existen transferencias como la Asignación Universal por Hijo (AUH), la cobertura de estas ayudas cayó 3,3 puntos porcentuales respecto al año anterior. Esto deja a miles de familias en un desamparo total, atrapadas en un sistema que las excluye mientras el costo de vida sigue su carrera ascendente.
La herencia de este proceso de deterioro casi ininterrumpido desde hace una década encuentra hoy un pico de crueldad. Con una pobreza infantil que se mantiene en niveles muy superiores a los de 2010, el país asiste a la consolidación de una estructura de exclusión que el gobierno del presidente ultraderechista Javier Milei no logra -o no busca- revertir con políticas de fondo. La advertencia de los investigadores es clara: sin una mejora real en las condiciones laborales de los adultos y un freno a la erosión de los ingresos, el destino de seis de cada diez niños argentinos seguirá marcado por el hambre y la falta de futuro.

