Esta dinámica está empujando a miles de trabajadores fuera del sistema formal, obligándolos a refugiarse en el cuentapropismo precario para intentar sostener sus ingresos mínimos.
La «uberización» que describe Redrado se traduce en una degradación estructural de la calidad del empleo. El economista detalló que, mientras en los últimos dos años se destruyeron 201.000 puestos de trabajo formales, se crearon 170.000 nuevas posiciones bajo la figura del monotributo. «Aquel que pierde el empleo, si puede se sube a un auto alquilado o pide uno a un familiar; y si no, se sube a una moto o a una bicicleta para trabajar individualmente», puntualizó, señalando que esta tendencia no es una elección, sino un mecanismo de supervivencia ante la falta de vacantes en el sector privado registrado.
Este fenómeno tiene un impacto directo en la capacidad de consumo, que representa el 65% de la economía argentina. Redrado advirtió que no se vislumbran factores que puedan traccionar una mejora en el corto plazo, especialmente porque los salarios continúan corriendo por detrás de la tasa de inflación. Al no haber un horizonte de crecimiento sólido, el trabajador «uberizado» queda atrapado en una informalidad que deteriora tanto su estabilidad crediticia como su poder adquisitivo real, enfriando aún más el mercado interno.
Respecto a la gestión del Gobierno nacional, el economista reconoció como activo el equilibrio presupuestario y la baja de la inflación, pero cuestionó la falta de una hoja de ruta clara en materia monetaria y financiera. Criticó las «idas y vueltas» en la acumulación de reservas y señaló que las tasas de interés siguen siendo excesivamente altas. Para Redrado, sin una reducción del riesgo país que permita el financiamiento, será imposible pasar de este modelo de subsistencia a uno basado en la inversión y las exportaciones.
Finalmente, el análisis concluye que la Argentina necesita un programa económico integral que se apoye en tres ejes: consumo, inversión y exportaciones. Sin embargo, la persistente brecha entre el costo de vida y los ingresos de los sectores informales hace que la reactivación parezca lejana. Mientras la economía real siga «muy fría» para la mayoría de los ciudadanos, la «uberización» continuará consolidándose como el rostro visible de una crisis que transforma trabajadores calificados en prestadores de servicios individuales sin protección social.