Esta caída generalizada marca un punto de inflexión peligroso, ya que no se trata de una crisis focalizada, sino de un deterioro sistémico de todo el entramado industrial del país.
El desglose por rubros muestra cifras alarmantes que encabezan el ranking del desplome: la Fundición lidera las bajas con un -15%, seguida de cerca por los Bienes de Capital (-14,6%) y el sector de Autopartes (-12%). Ni siquiera el equipamiento médico o los equipos eléctricos, que suelen tener dinámicas de demanda más estables, pudieron evitar retrocesos de dos dígitos. Esta uniformidad en la caída evidencia que el problema es estructural y responde a un mercado interno que se ha enfriado por completo, dejando a las fábricas operando a menos de la mitad de su capacidad.
Incluso los sectores que mostraron resiliencia durante el año anterior han comenzado a ceder bajo la presión económica. La Maquinaria Agrícola, que había liderado repuntes previos, registró una baja del 1,4%, mientras que Carrocerías y Remolques cayó un 4,0%. Este cambio de tendencia es uno de los indicadores más preocupantes para los industriales, ya que confirma que los motores que antes compensaban la balanza productiva hoy también están apagados o funcionando al mínimo.
Al analizar el desempeño por cadena de valor, la situación se repite con una precisión quirúrgica: no hay refugio seguro. Las empresas vinculadas al sector automotriz (-12,8%) y a la alimentación y bebidas (-12,4%) sufrieron las mayores contracciones, pero incluso los segmentos asociados a sectores estratégicos como el petróleo y gas (-9,3%), la minería (-8,2%) y la energía eléctrica (-6,5%) cerraron el mes en terreno negativo. Esta transversalidad del impacto pone de manifiesto que la crisis de rentabilidad y demanda ha permeado hasta los eslabones más sólidos de la economía.
Frente a este panorama de desolación sectorial, el optimismo brilla por su ausencia en las plantas fabriles. Seis de cada diez empresas no anticipan mejoras en su producción para el próximo trimestre, lo que sugiere que el piso de la caída aún podría estar lejos. Con todas las ramas metalúrgicas operando en negativo y una capacidad instalada en niveles críticos, el sector se enfrenta al desafío de sobrevivir en un contexto donde el «efecto arrastre» de la recesión parece haber alcanzado cada rincón de la producción nacional.