Según las principales consultoras privadas, la inflación de marzo rondaría el 3%, lo que no solo supera el registro de febrero, sino que empuja el acumulado del primer trimestre hacia un preocupante 9%. Esta dinámica, que el portal Vox Populi sigue con especial atención, deja prácticamente obsoleta la meta anual del 10% prevista en el Presupuesto oficial, encendiendo las alarmas sobre la sostenibilidad del plan económico del presidente ultraderechista Javier Milei.
La situación es particularmente crítica en la región del Noreste Argentino (NEA) y, específicamente, en la provincia de Misiones. Mientras el promedio nacional intenta mantenerse bajo el umbral del 3% mensual, los datos regionales muestran una realidad mucho más hostil: con un acumulado que ya alcanzó el 7,1% en los dos primeros meses del año, la proyección para Misiones indica que la inflación trimestral superará con comodidad el 10%. Esta asimetría geográfica responde a que las regiones periféricas sufren con mayor rigor el alza en los costos logísticos, el precio de los combustibles y el impacto del transporte, factores que tienen un peso relativo superior en las economías del interior que en el área metropolitana.
A nivel nacional, la presión sobre el índice general fue impulsada por aumentos sustanciales en Educación, que trepó un 12%, y en combustibles, que aportaron casi un punto porcentual al índice tras una suba del 6% en la última semana de marzo. El fenómeno del «pass-through» -el traslado de la suba de insumos básicos a los precios finales de la góndola- sigue siendo el principal factor de riesgo para el mes de abril. En este escenario, rubros sensibles como alimentos, carnes y tabaco continúan liderando las subas, erosionando el poder adquisitivo de los asalariados de manera constante.
El contexto externo también ha jugado en contra de las pretensiones oficiales. La escalada del conflicto bélico entre Estados Unidos, Israel e Irán provocó una disparada en los precios internacionales de la energía, lo que se tradujo en una presión adicional sobre los surtidores locales. Esta «inflación importada» complica aún más la tarea de Caputo, quien viaja a Estados Unidos para reunirse con el FMI en busca de un desembolso de US$ 1.000 millones, mientras en Argentina el costo de vida vuelve a tomar una curva ascendente difícil de controlar.
El próximo martes, cuando el INDEC difunda el dato oficial, se confirmará si el país ha entrado en una nueva fase de inercia inflacionaria. La brecha entre el optimismo del Gobierno y la realidad de los precios en el interior del país es cada vez más ancha; mientras en Buenos Aires se discuten decimales, en provincias como Misiones la inflación ya se devoró en apenas tres meses lo que el Presupuesto estimaba para todo el año. La falta de un ancla clara y la volatilidad de los precios regulados amenazan con profundizar un malestar social que ya no distingue entre regiones.

