Según el Monitor de Humor Social y Político de D’Alessio-Irol/Berensztein de marzo de 2026, el 64% de los ciudadanos evalúa que la economía nacional ha empeorado, marcando el nivel de pesimismo más alto desde finales de 2024. Este deterioro, que el portal Vox Populi viene siguiendo de cerca, revela que el desánimo ha dejado de ser un patrimonio exclusivo de la oposición para filtrarse en las bases que anteriormente sostenían el relato oficialista.
La gestión del presidente ultraderechista Javier Milei atraviesa su momento más delicado, alcanzando un 57% de desaprobación frente a un magro 41% de apoyo. El desgaste no solo es producto del ajuste económico, sino que se ha visto acelerado por la aparición de sospechas de corrupción dentro de su gabinete, lo que ha comenzado a carcomer la bandera de transparencia que el Ejecutivo esgrimía como activo principal. Esta caída en la imagen presidencial es transversal y muestra que incluso entre los votantes de La Libertad Avanza el optimismo empieza a mostrar fisuras profundas ante la falta de resultados tangibles.
El dato más corrosivo para el Gobierno es que el impacto de la macroeconomía ya se siente de forma directa en el ámbito privado: el 67% de los encuestados asegura que su situación económica personal es peor que hace un año. La experiencia cotidiana en los hogares argentinos está marcada por la dificultad para cubrir gastos corrientes y un temor creciente a la pérdida del empleo. En este escenario, la incertidumbre se ha convertido en la principal preocupación para el 65% de la población, actuando como un freno de mano para cualquier intento de reactivación del consumo interno.
Para agravar el diagnóstico, la inflación ha regresado al centro de la escena pública con una fuerza renovada, siendo señalada por el 60% de los consultados como su problema principal. Este fenómeno erosiona de manera constante el poder adquisitivo y reactiva los fantasmas de crisis pasadas, alimentando una desconfianza estructural sobre la sostenibilidad del programa económico vigente. La percepción de un «sacrificio sin recompensa» está instalando la idea de que el empeoramiento no es una transición, sino un estado permanente que la sociedad ya no está dispuesta a tolerar pasivamente.
Hacia adelante, las expectativas no ofrecen consuelo, ya que el 56% de los argentinos cree que la economía estará aún peor dentro de un año. Este cruce de pesimismo presente y futuro genera comportamientos defensivos que paralizan la inversión y la planificación familiar, profundizando el ciclo recesivo. En definitiva, el monitor de marzo describe un escenario de fatiga social donde el capital político del oficialismo se licúa ante la cruda realidad del bolsillo, planteando un desafío de gobernabilidad que ya no se resuelve únicamente con retórica de mercado.

