Argentina / Economía | El drama de alquilar en Posadas: el fracaso del libre mercado y la incertidumbre familiar

La derogación de la Ley de Alquileres no produjo la baja de precios prometida ni mejoró el acceso a la vivienda, dejando a miles de inquilinos posadeños en una situación de vulnerabilidad extrema. En lugar de la autorregulación del mercado que pregonaba la gestión del presidente ultraderechista Javier Milei, la realidad en la capital misionera muestra contratos más cortos, exigencias desmedidas y ajustes trimestrales que asfixian el presupuesto de las familias y los estudiantes. Desde la Asociación de Inquilinos de Misiones advierten que la eliminación del marco legal solo ha servido para profundizar la precarización y la informalidad en un contexto donde el techo propio parece un lujo inalcanzable.

La situación se agrava mes a mes, transformando lo que debería ser un derecho básico en una fuente constante de angustia social. Según Adrián Torres, referente de la asociación provincial, la oferta de inmuebles existe, pero es una oferta «fantasma» para gran parte de la población: los valores de ingreso y las cuotas mensuales superan con creces los ingresos familiares promedio. Esta brecha económica impide que se cierren contratos genuinos, dejando a estudiantes que llegan del interior y a familias jóvenes atrapadas en una calesita de búsquedas infructuosas y requisitos imposibles de cumplir.

La incertidumbre contractual se ha convertido en la nueva norma bajo este esquema de desregulación. Al no existir un índice claro ni plazos protegidos, los inquilinos enfrentan ajustes cada tres meses que pulverizan cualquier capacidad de ahorro o planificación. «Arrancás a alquilar en enero y ya sabés que en abril te aumentan de nuevo», explican desde el sector, señalando que los acuerdos informales basados en el «después vemos» generan un estrés habitacional constante. Esta precariedad no solo afecta el bolsillo, sino que daña el tejido social al forzar a las personas a vivir en la inestabilidad permanente.

Otro de los rostros más crueles de esta crisis es la dificultad para presentar garantías, lo que empuja a los inquilinos a situaciones de humillación o dependencia. Para poder acceder a un departamento en Posadas, muchos trabajadores deben recurrir a pedir favores a compañeros o conocidos, ya que las exigencias del mercado están totalmente desconectadas de la realidad laboral actual. Este escenario de exclusión obliga a muchas familias a desplazarse hacia zonas periféricas, Garupá o barrios alejados del área metropolitana, buscando alivio en costos que, de todas formas, siguen siendo elevados para el nivel de servicios que reciben.

En definitiva, el experimento de dejar la vivienda a merced de la oferta y la demanda ha demostrado ser un fracaso rotundo en términos de bienestar social. La teoría de que el mercado se regularía solo ha chocado de frente con la necesidad humana de tener un hogar estable. Mientras los precios continúan en alza y las condiciones se vuelven más leoninas, la comunidad inquilina de Posadas resiste en un escenario donde la libertad de mercado parece ser solo la libertad de los propietarios para imponer condiciones, mientras el derecho a la vivienda se hunde en la informalidad y el desamparo estatal.