El dato más alarmante del informe es precisamente la brecha entre el costo de vida general y el precio de los cortes cárnicos, que se han disparado casi al doble de la inflación. Mientras el nivel general de precios (IPC-GBA) subió un 32,7% interanual, el rubro «carnes y derivados» escaló un 54,7%, y el valor promedio de los cortes vacunos en el mostrador alcanzó un alza del 70,8%. Esta dinámica ha perforado el consumo anualizado, que ya se ubica en apenas 47,9 kilos por habitante, consolidando una tendencia de pérdida del poder adquisitivo que no encuentra piso ni respuesta en las políticas del Ejecutivo nacional.
En el interior del país, la situación es todavía más acuciante por la velocidad de los aumentos regionales. En lo que va del mes de febrero, en la provincia de Misiones ya se registró una suba cercana al 11% en el precio de la carne, un golpe demoledor que anticipa un marzo aún más restrictivo para las familias misioneras. Este incremento preventivo en el noreste argentino demuestra que la desregulación total de precios impulsada por el presidente ultraderechista Javier Milei castiga con mayor saña a las provincias, donde el flete y la logística se trasladan de inmediato a las pizarras de las carnicerías.
Resulta paradójico que, en medio del constante «festejo libertario» por los indicadores financieros y el equilibrio fiscal, el asado haya liderado las subas con ese impactante 74,2%, seguido de cerca por el cuadril (73,7%) y la paleta (72,7%). Estos porcentajes no son solo números; representan la exclusión de millones de argentinos de su principal fuente de alimentación. La realidad que describe CICCRA es la de una economía donde el precio de la hacienda en pie aumentó un 73,0%, un costo que las carnicerías ya no pueden absorber y terminan trasladando a un consumidor que ya no tiene margen de maniobra.
Hacia adelante, el panorama para el resto de 2026 se presenta sombrío si persiste este esquema donde los alimentos básicos corren por una vía distinta a la de los salarios. La combinación de una inflación alimentaria desbocada y la ausencia de políticas de contención para el mercado interno sugiere que el piso histórico de consumo podría seguir cayendo. En este contexto, la brecha entre el discurso triunfalista oficial y la heladera de los ciudadanos parece ser la única variable que no para de ensancharse en la Argentina actual.
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