Con este ajuste, la realidad en las estaciones de servicio de Posadas cambió drásticamente: ya no existen opciones de combustible por debajo de los dos mil pesos por litro, una barrera psicológica y económica que profundiza la crisis en el transporte y el costo de vida regional.
Este nuevo salto en los precios, que en lo que va de marzo ya acumula un alza del 9% en naftas y del 8% en diésel grado 2, se da en un contexto de fuerte caída en las ventas. Según confirmó el empresario del sector Nicolás Brea, la comercialización de combustibles en Misiones «ha caído sensiblemente», un fenómeno impulsado no solo por los valores prohibitivos, sino también por la compleja dinámica de frontera que, ante la apreciación del dólar y los constantes tarifazos locales, ha dejado de ser competitiva frente a los países vecinos.
Si bien desde el sector empresarial se intenta vincular parte de la suba a la inestabilidad logística en el Estrecho de Ormuz por el conflicto en Medio Oriente -que empujó el barril Brent por encima de los 100 dólares-, la incidencia internacional queda en segundo plano frente a la política interna de «microprecios» liderada por YPF. Esta estrategia de goteo constante de aumentos es replicada de inmediato por las petroleras privadas, generando un traslado directo a los precios de productos básicos y servicios en toda la provincia.
La situación para los conductores posadeños es crítica: llenar un tanque estándar de 60 litros con nafta súper requiere hoy una inversión que ronda los 120 mil pesos. Esta cifra desorbitante ha modificado los hábitos de consumo, donde ya no se busca «completar el tanque» por previsión, sino que la mayoría de los usuarios carga apenas lo que su capacidad económica diaria le permite, estirando el uso del vehículo lo máximo posible ante la pérdida de poder adquisitivo.
El panorama hacia adelante no es alentador para la economía misionera, que por su ubicación geográfica depende críticamente del transporte terrestre. Mientras el precio del crudo internacional se mantenga volátil, las petroleras locales ya advierten que cualquier mínima fluctuación se trasladará «directamente» al surtidor, amenazando con nuevos incrementos en el corto plazo que seguirán asfixiando la actividad comercial y productiva de la tierra colorada.