El dato más contundente del reporte es la brecha abismal entre el incremento de los precios y la evolución general del costo de vida. Mientras la inflación oficial interanual se ubicó en un 33,1%, los cortes vacunos experimentaron una suba promedio del 63,6%, duplicando el índice general. Este desfasaje ha provocado que el consumo aparente de carne vacuna retrocediera un 13,8% solo en el primer bimestre de 2026 en comparación con el mismo periodo del año anterior.
La escalada de precios no dio tregua durante el mes de febrero, mes en el que cortes populares como la nalga superaron la barrera de los $20.500 por kilo, mientras que el cuadril se ubicó rozando los $19.800. Los incrementos mensuales fueron liderados por la paleta, el cuadril y la nalga, con alzas que promediaron el 8%. Incluso alternativas tradicionalmente más económicas, como el pollo entero, registraron subas del 10,2% mensual, asfixiando cualquier opción de reemplazo proteico.
Desde el sector industrial atribuyen esta dinámica a una fuerte restricción de la oferta y a una caída del 9,1% en la producción respecto al inicio de 2025. Sin embargo, para el ciudadano de a pie, la realidad se traduce en precios prohibitivos: el kilo de asado, símbolo de la identidad nacional, ya promedia los $16.852, lo que representa un aumento interanual del 67,6%, el más alto de todos los cortes relevados por la cámara empresaria.
Este escenario de «precios inalcanzables» sitúa a la Argentina muy lejos de sus registros históricos de consumo, como los 68,4 kilos por habitante alcanzados en 2008. La caída de 1,2 kilos por habitante en el último año no es solo una estadística ganadera, sino el síntoma de una pérdida de poder adquisitivo que está reconfigurando la dieta básica y los hábitos sociales en todo el territorio nacional.