El diagnóstico de Fiereder, recibido por Agencia Noticias Argentinas, no ahorra en términos de preocupación al señalar que el deterioro del sistema industrial impacta directamente en la línea de flotación de la clase media argentina. El sector fabril observa con angustia cómo el enfoque actual prioriza los números de las planillas de Excel por sobre el rugir de los motores, generando una distorsión donde el rendimiento de los bonos y las tasas resulta más atractivo que la inversión en activos fijos. Según el dirigente, un país que logra el orden fiscal a costa de desmantelar su tejido productivo es, en términos llanos, un país que está hipotecando su futuro y destruyendo la estabilidad de su clase trabajadora.
Si bien la UISF reconoce que el equilibrio de las cuentas públicas es un paso necesario para la macroeconomía, insiste en que es una medida estéril si se ignora la estrepitosa caída del consumo interno y los asfixiantes costos de producción. En su escrito, Fiereder fue tajante al afirmar que la verdadera riqueza de una nación no reside únicamente en el saldo de sus cuentas fiscales, sino en la robustez de sus industrias y en la capacidad de su gente para progresar mediante el empleo formal. El reclamo industrial exige que el ordenamiento estatal sirva, de manera urgente, para reducir la agobiante carga impositiva sobre el trabajo, en lugar de sostener esquemas financieros que suelen ser tan volátiles como peligrosos para la economía real.
La falta de competitividad del productor local es otro de los puntos de mayor fricción, especialmente ante la apertura comercial que se intenta imponer sin haber resuelto antes las asimetrías estructurales. Desde Santa Fe denuncian que no se trata de pedir privilegios ni proteccionismos arcaicos, sino de exigir condiciones de equidad frente a los altísimos costos logísticos, energéticos y tributarios que deben afrontar quienes pagan impuestos y contribuciones en el país. Esta desventaja competitiva está provocando una erosión del tejido industrial que deriva, inevitablemente, en una mayor precarización laboral y obliga a los trabajadores a recurrir al «multitrabajo» para intentar sostener un nivel de vida que se les escapa de las manos.
Finalmente, el planteo de la UISF subraya que la movilidad social ascendente —ese antiguo orgullo argentino— solo será posible si existe un modelo que integre de forma real la educación técnica y el conocimiento tecnológico con la producción manufacturera. Sin fábricas fuertes, la formación de los jóvenes carece de destino y la tecnología no encuentra dónde aplicarse para generar riqueza. La advertencia es clara y urgente: es imperativo corregir el rumbo antes de que el silencio en los galpones industriales se convierta en una característica permanente del paisaje nacional, dejando atrás un cementerio de proyectos productivos en aras de un superávit fiscal sin alma.

