Argentina / Economía / Sociedad | El endeudamiento familiar toca su techo histórico y la morosidad ya supera el 11%

La asfixia financiera de los hogares argentinos ha alcanzado un punto de quiebre al confirmarse que la morosidad en las familias trepó al 11,2% en febrero, el nivel más alto registrado desde 2004.

Este indicador, que el portal Vox Populi analiza como un síntoma directo de la crisis de ingresos, marca la decimosexta suba mensual consecutiva en el atraso de los pagos. Mientras el sector empresarial logra mantener sus niveles de incumplimiento bajo control, la economía doméstica se desmorona bajo el peso de deudas que ya no pueden ser honradas.

El fenómeno del impago es especialmente dramático en el sector de los créditos no bancarios y las billeteras virtuales, herramientas a las que muchas familias recurren ante la falta de acceso al sistema tradicional. En este segmento, la irregularidad alcanzó un impactante 30% en febrero, reflejando que un tercio de quienes toman préstamos fuera de los bancos ya no puede cumplir con sus compromisos. La disparidad con el sistema financiero convencional es notable y evidencia que los sectores más vulnerables son los que están absorbiendo el mayor impacto del ajuste económico.

Las plataformas digitales, que solían presentarse como una alternativa ágil y segura, también muestran señales de alerta roja. Mercado Pago, por ejemplo, registró una morosidad del 14,7%, un salto abismal si se compara con el 5,5% que anotaba en mediciones anteriores. Esta situación pone en duda la estabilidad de los créditos de consumo masivo, que han servido de paliativo ante la caída del salario real pero que ahora se transforman en una trampa de intereses y mora para millones de usuarios.

En medio de este escenario de fragilidad, las declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, han generado controversia. El funcionario minimizó el peso del endeudamiento al asegurar que vivir con deuda es común en el resto del mundo y que «no es razonable tener que pagar todo en efectivo». Sin embargo, la mirada oficial parece ignorar la diferencia crítica entre el crédito para la inversión o el crecimiento y el endeudamiento por pura supervivencia que hoy define a la Argentina bajo la administración del presidente ultraderechista Javier Milei.

El crecimiento de la morosidad no es un dato aislado, sino la consecuencia lógica de un trimestre donde la inflación y la recesión han erosionado cualquier margen de ahorro. Con tasas de irregularidad que en algunos casos llegan al 36% en entidades no bancarias, el sistema de consumo interno enfrenta un riesgo de parálisis. La capacidad de las familias para «honrar» sus deudas, como pide el Gobierno, choca de frente con una realidad donde los ingresos básicos apenas alcanzan para cubrir las necesidades elementales, dejando el cumplimiento financiero en un plano de imposible cumplimiento.