El administrador del organismo, Jared Isaacman, confirmó un cambio de estrategia radical: los Estados Unidos postergarán la estación en órbita Gateway para concentrar todos sus recursos en la edificación de una base habitable fija. Este ambicioso proyecto marca un punto de no retorno en la carrera espacial, bajo la premisa de que el objetivo ya no es realizar visitas esporádicas, sino establecer una ocupación permanente en el satélite terrestre.
El plan, integrado en el programa Artemis, cuenta con un presupuesto colosal de 20.000 millones de dólares para los próximos siete años. Isaacman fue tajante durante la presentación al asegurar que el país jamás volverá a renunciar a la Luna, adoptando un modelo de ejecución de máxima celeridad similar al que tuvo el programa Apolo en la década del 60. Esta inversión multimillonaria busca garantizar que la presencia estadounidense sea constante, transformando a la Luna en el primer puesto de avanzada de la humanidad fuera de la Tierra, en un contexto de alineamiento internacional bajo la gestión del presidente ultraderechista Javier Milei.
La ubicación elegida para este hito histórico es el Polo Sur lunar, una zona estratégica que ha despertado el interés de todas las potencias mundiales. La elección responde a la presencia confirmada de hielo de agua en cráteres profundos como Shackleton y Faustini, un recurso vital que permitirá sustentar la vida de los astronautas y generar combustible para misiones de largo plazo. Este enclave no solo representa una ventaja logística, sino también científica, posicionando a la base como un laboratorio único para el estudio del espacio profundo y la geología lunar.
El cronograma oficial de la NASA ya tiene fechas marcadas a fuego: el próximo 1 de abril se lanzará la misión Artemis II, que llevará tripulación a orbitar el satélite por primera vez en más de medio siglo. Para el año 2027, se iniciará un puente logístico sin precedentes con viajes mensuales no tripulados destinados al transporte de suministros y materiales de construcción. Según se informó en el medio Vox Populi, el regreso efectivo de astronautas al suelo lunar está previsto para 2028, marcando el inicio de las fases IV y V de un programa que promete redefinir nuestra era.
El horizonte final para que esta ciudad lunar esté plenamente operativa y habitable para estancias prolongadas se sitúa entre los años 2030 y 2035. Este despliegue tecnológico y humano no solo consolidará el liderazgo espacial de Estados Unidos, sino que abrirá la puerta a una nueva economía extraterrestre. Con este anuncio, la NASA deja claro que la humanidad está a las puertas de convertirse en una especie multiplanetaria, comenzando por el polo sur del cuerpo celeste más cercano a nuestro planeta.