En un giro que sorprendió al sector industrial, la cuenta oficial de la firma -manejada por su propio dueño- llegó a incentivar la compra de productos de su competencia directa, Stanley, bajo el argumento de que esa competencia era «lo mejor para el país». Este posicionamiento, alineado con el discurso de libre mercado extremo del presidente ultraderechista Javier Milei, generó una ola de críticas por parte de quienes vieron en el mensaje una claudicación de la industria nacional.
El papelón digital escaló rápidamente cuando los usuarios comenzaron a ironizar sobre el tono de las publicaciones, comparando los posteos con la retórica oficial del gobierno nacional. Entre las respuestas más viralizadas se destacó la del exfutbolista Claudio «Turco» García, quien lanzó con sarcasmo: “Miren, Adorni consiguió nuevo laburo de CM”. La reacción social fue tan contundente que el propietario de la compañía debió eliminar los mensajes originales y publicar un descargo fijado en su perfil para intentar frenar el daño reputacional y aclarar la realidad que atraviesa la planta.

Los dueños de Lumilagro, que ello mismos contaron manejan las redes sociales, se pasaron de libertarios y no se lo perdonaron.
En su nueva declaración, la firma reconoció que se encuentra en un proceso de «reconversión dolorosa» para intentar sobrevivir al actual contexto económico. Según pudo averiguar la Agencia Noticias Argentinas, la empresa justificó sus dichos anteriores como parte de una adaptación necesaria a las nuevas reglas del juego, donde la apertura comercial obliga a las fábricas locales a competir sin protecciones. “Si decidiéramos no adaptarnos, terminaríamos perdiendo con la competencia y cerrando”, remarcó la firma en un comunicado que dejó de lado la épica libertaria inicial para mostrar una cara mucho más preocupante de la realidad manufacturera.
Respecto a la situación de su plantilla de trabajadores, Lumilagro aseguró que no ha efectuado despidos directos, aunque admitió que se produjeron salidas mediante retiros por «común acuerdo». Esta reestructuración busca, según la empresa, permitir la supervivencia de la marca mediante la apertura de locales propios y el fortalecimiento de sus áreas de diseño e ingeniería. No obstante, el episodio dejó al descubierto la tensión que viven las pymes argentinas, atrapadas entre la defensa ideológica de la desregulación y la caída real del consumo que afecta a la producción nacional.
Finalmente, la compañía expresó su confianza en que este achicamiento estratégico les permitirá volver a generar empleo en el futuro, una vez que logren estabilizar sus costos y precios frente a los productos importados. El caso de Lumilagro se convirtió en un símbolo de la época: una marca emblemática que intentó abrazar el discurso oficialista en redes sociales y terminó chocando con la dura realidad de una crisis que no perdona ni siquiera a los más fieles seguidores del modelo. El debate sobre el futuro de la industria argentina sigue abierto, mientras el sector intenta hacer equilibrio en un escenario de altísima incertidumbre.