Vânia de la Fuente-Núñez, experta en envejecimiento saludable y edadismo, ha dicho en el III Foro de Envejecimiento, organizado por la Fundación Edad&Vida en España que “el edadismo es el cómputo de tres dimensiones: estereotipos (forma de pensar), prejuicios (forma de sentir) y discriminación (forma de actuar)”, y señaló que “las experiencias de edadismo impactan en dos etapas de la vida: la juventud y la vejez”.
Para esta especialista el edadismo contribuye a normalizar problemas graves como la depresión y el suicidio.
La discriminación por edad es el principal factor de acoso y distinción en el entorno laboral. Un tercio de los desempleados son mayores de 50 años y la mayoría de la población cree que después de los 50 años es mucho más difícil encontrar empleo, justamente en un país como Argentina, cuya tasa de desempleo va en aumento.
En el ámbito de la Salud, el edadismo impacta desde el diagnóstico hasta el acceso a tratamientos, normalizando problemas graves como la depresión y el suicidio en personas mayores de 75 años, quienes presentan las tasas más altas de intentos de suicidio en varios países, aunque en otros como el nuestro ese dato queda bajo la alfombra.
Vânia de la Fuente-Núñez aportó además un dato significativo: denunció que se excluye a las personas mayores de los ensayos clínicos, a pesar de que muchos de estos estudios se centran en enfermedades prevalentes en la vejez.
Como socialmente el envejecimiento está vinculado a una mayor mortalidad, deterioro cognitivo y problemas de salud física y mental, coincido con la investigadora española que es urgente “abordar el edadismo como un problema de salud pública y derechos humanos”, a lo que agrego que es un hecho social que requiere un abordaje más multidisciplinario aún.
Para poner freno a estas formas de discriminación el Informe Mundial contra el Edadismo de la ONU propone estrategias clave:
Implementación de políticas y leyes que prohíban la discriminación por edad, un área en la que se ha logrado un avance notable: el número de países con normativas contra el edadismo ha aumentado de 87 en 2018 a 105 en 2023.
Una Convención de la ONU que proteja los derechos de las personas mayores, un documento legalmente vinculante que actualmente solo existe en dos regiones: la Unión Africana y la Interamericana, a la que Argentina dio jerarquía constitucional en noviembre de 2022.
La Convención Interamericana de Protección de los Derechos de las Personas Mayores abrió un gran paraguas y exige a los poderes políticos el abordaje de modificaciones del andamiaje jurídico que aún permite la discriminación por edad. Claro que a tres años de su vigencia esa jerarquización constitucional de derechos aún enfrenta desafíos y un largo camino por recorrer en todas las jurisdicciones.
La importancia de las iniciativas locales, así como las estrategias educativas orientadas a fomentar la empatía y combatir los estereotipos es muy relevante ante la morosidad de las acciones legislativas o la apatía de funcionarios ejecutivos cuyas ideas solo evolucionan con presupuestos abultados.
También hay que pensar en las intervenciones intergeneracionales, que han demostrado ser efectivas para reducir los prejuicios.
¿Se puede hacer algo más?
Siempre. Y sobre todo a partir de uno mismo.
Es necesario adoptar estrategias a nivel individual para cuestionar y combatir el edadismo.
En esas estrategias se incluye una revaloración de la propia vejez, entendiendo que en sí misma no es un problema, sino otra oportunidad de empoderarse para agregar vida de calidad a los años porque, justamente, estamos vivos y ése es nuestro desafío, pese a quien le pese.
Vânia de la Fuente-Núñez aportó además un dato significativo: denunció que se excluye a las personas mayores de los ensayos clínicos, a pesar de que muchos de estos estudios se centran en enfermedades prevalentes en la vejez.
¿Se puede hacer algo más?
