En la interna justicialista de Misiones del domingo 19, Lalo Costa de Arguibel se convenció de que tenía la victoria en el bolsillo. Con el respaldo del kirchnerismo y La Cámpora, imaginó que la intervención partidaria y las visitas de dirigentes nacionales de peso en los últimos días de campaña inclinarían la balanza. No escatimó en descalificaciones: vinculó a su oponente con el oficialismo provincial para desprestigiarlo.
Pero la gente no se dejó ver. El voto masivo fue para la ortodoxia peronista de «La Julio Humada», encabezada por Christian Humada, hijo del último líder indiscutido del peronismo misionero.
Reconocida la limpieza de la elección —la primera interna en 27 años— y con el escrutinio definitivo en marcha, el perdedor desempolva la vieja maña: embarrar la cancha.
Costa de Arguibel nuncia impugnaciones mediáticas sin una sola prueba, en un show reprochable que mancha su propia lista. Contrasta con la actitud responsable de su socia electoral, la kirchnerista Cristina Brítez, quien felicitó de inmediato a Humada por el triunfo.
Desde la lista ganadora, la dirigencia toma las cosas con calma, sin caer en agravios. Asumen el desafío de revitalizar al peronismo misionero, poniéndolo en órbita nacional para desplegar un modelo provincial inclusivo de justicia social. En Misiones, la base peronista habla claro: prefiere la tradición humadista a las recetas porteñas importadas.
