Cuatro niños argentinos murieron ahogados en frontera de Irigoyen con Brasil

Al atardecer del martes cuatro niños identificados como Angélica Monzón de 7 años y Betiana Monzón de 11 años, ambas domiciliadas en el barrio Santa Rita de Bernardo de Irigoyen, y Fabián Lautaro Sosa de 6 años y su hermanita Tatiana Marisela Sosa de 10 años, domiciliados estos dos últimos en el barrio 4 Hermanos también de esa localidad dejaron de existir, al ahogarse en una laguna ubicada en la frontera con Brasil, que estaba destinada a la construcción de una obra turística entre ambos países.

lago-irigoyen

El trágico hecho se conoció el miércoles. En todos los casos, se trataba de niños de condición muy humilde, a los que se solía ver mendigando en la zona.

En una jornada de intenso calor, los pequeños se dirigieron a un predio situado en cercanías del arroyo Pepirí Guazú, en el que una empresa constructora realizó un dragado y formó una laguna artificial, con fines turísticos, en el marco de un emprendimiento de capitales brasileño-argentinos. El parque costaría una inversión de $ 10 millones del lado argentino y 6 millones de reales en Brasil.

Cuando los chicos desaparecieron de la superficie de la laguna, se iniciaron intensas tareas de rescate, en las que participaron bomberos de la localidad de Bernardo de Irigoyen y de la vecina ciudad brasileña de Dionisio Cerqueira.

El operativo dio como resultado el hallazgo de los cuatro cuerpos sin vida de los menores de edad, del lado brasileño del espejo de agua.

Según se supo, la laguna tiene dos metros de profundidad y su peligrosidad radica en lo inestable de su lecho fangoso.

De acuerdo con el cuerpo de bomberos, ellos se ahogaron en el espejo de agua que tiene 20 metros de largo y 60 metros de ancho. Si bien tiene pocas partes profundas, de 30 a 50cm, en el centro, el agua de lluvia se depositó y formó una depresión de 1.7 metros

El jefe de bomberos de la localidad Bernardo de Irigoyen, Martín Moreira, confirmó que se trata de una construcción para una represa artificial en donde se acumuló agua y ocurrió la tragedia.

“Se trata de niños de una condición social muy humilde” que al momento de la tragedia jugaban sin control de ningún adulto en el lago.

Los cuerpos de los pequeños fueron sacados del lago -lindero al río Pepirí Guazú, que divide ambos países- por efectivos de la policía brasileña y llevados a un centro asistencial del país vecino, donde se constató su fallecimiento por “asfixia por inmersión”.

En medio del operativo de traslado de los cadáveres de los cuatro niños, se supo que los pequeños eran conocidos en la zona del paso fronterizo ya que aprovechaban la presencia de numerosas personas para pedir monedas.

Gendarmes cómo aduaneros y personal de migraciones coincidieron en que siempre andaban por la zona.