Argentina / Política | Se desploma la confianza industrial: La UIA desconfía de las políticas de Javier Milei

El idilio especulativo entre el sector industrial y el Gobierno nacional parece haber llegado a su fin, dando paso a un crudo escenario de desconfianza y parálisis productiva. Según el último relevamiento del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (CEU-UIA), la expectativa de una recuperación económica se ha diluido drásticamente: mientras que el año pasado casi el 69% de las empresas apostaba por una mejora bajo la gestión del presidente ultraderechista Javier Milei, hoy solo el 27,6% sostiene esa visión.

Esta estrepitosa caída en la credibilidad oficial no es solo una percepción subjetiva, sino que se traduce en una retracción de la inversión que amenaza con hipotecar el futuro del entramado fabril argentino.

La realidad intramuros de las fábricas refleja un panorama de abandono estatal y asfixia por falta de consumo. Actualmente, la industria opera utilizando apenas la mitad de su capacidad instalada (52%), un nivel de ociosidad que obligó al 70,4% de las empresas a postergar cualquier horizonte de normalización recién para el segundo semestre de 2026. Este debilitamiento progresivo de las expectativas marca un quiebre con el optimismo inicial que acompañó los primeros meses de la gestión de Javier Milei; los industriales ya no compran promesas de rebote y enfrentan un presente donde el 72,4% de las plantas trabaja muy por debajo de su nivel óptimo.

El principal verdugo de la producción nacional es el desplome del mercado interno, una consecuencia directa del ajuste fiscal y la pérdida de poder adquisitivo que promueve el modelo económico vigente. Para el 46,1% de los empresarios, la caída de la demanda es la preocupación central, desglosada en un parate total de la obra pública, la retracción del consumo en los hogares y la parálisis de la cadena de suministros entre industrias. A este escenario de ventas nulas se le suma una pinza letal: el aumento de costos operativos y una apertura importadora que, para casi el 20% de las firmas, ya representa una amenaza directa a su supervivencia por la imposibilidad de competir en condiciones de desigualdad.

La disposición a invertir, termómetro infalible de la confianza en un plan de gobierno, ha caído a niveles críticos. Apenas el 46,9% de las firmas considera que es un buen momento para expandirse, una cifra que viene en retroceso sostenido frente al 57% registrado apenas un año atrás. Esta desinversión es el resultado de una política económica que, en lugar de fomentar la competitividad genuina, ha encarecido los insumos nacionales y ha dejado al sector a merced de la volatilidad. Incluso antes de que estallaran crisis sectoriales como la de la fábrica FATE, el desánimo ya se había instalado en las cámaras empresariales como respuesta a la ausencia de un horizonte productivo claro.

Bajo la narrativa del presidente ultraderechista Javier Milei, el sacrificio industrial se presenta como un paso necesario para el ordenamiento macroeconómico, pero los datos de la propia UIA revelan que el daño podría ser irreversible. Con expectativas moderadas a la baja en todos los frentes —situación de la propia empresa, del sector y del país—, el empresariado manufacturero empieza a ver en el modelo actual un camino hacia la descapitalización. Sin demanda interna que traccione ni instrumentos que amortigüen los costos laborales y de materias primas, la industria argentina se repliega, confirmando que la confianza en el «milagro» libertario ha sido reemplazada por la cruda necesidad de sobrevivir al ajuste.