El presidente cerró la 23.ª edición del Council of the Americas (Alvear Palace Hotel) con un discurso centrado en defender su “modelo de crecimiento”, atacar a economistas y periodistas, y proyectar una narrativa de éxito macroeconómico.
– “Eso que dicen de que ‘la gente no llega a fin de mes’. ¿Por qué no tratan de pensar lo que significa esa frase?”, dijo en tono irónico, y pidió “mirar los datos”, desestimando la dificultad de hogares para cubrir gastos básicos.
– Aseguró que “el consumo privado está en máximos históricos”, una afirmación que contrasta con la percepción de caída del poder adquisitivo y con la propia autocrítica oficial sobre la necesidad de que las medidas se traduzcan “en el bolsillo”.
– Sobre el cierre de empresas: “Sin barreras, el proceso es armónico. Y así como aparecen empresas, otras desaparecen, es natural. Se van reasignando los recursos porque van cambiando las condiciones de la economía”, afirmó, sin reconocer el impacto social y productivo de esos cierres.
– Reivindicó su gestión contra la inflación: “Nosotros la bajamos el 85% de la inflación”, comparando con los gobiernos de Macri, Alberto Fernández y Cristina Kirchner, y destacó el último dato de inflación mayorista (0,8%) como prueba de que “arrancó con cero”.
– Cerró con un mensaje moral: “El problema no es económico, es moral. Si abrazamos los valores judeo-cristianos, vamos a tomar medidas que son justas, y la contracara de eso es el progreso y bienestar”.
También culpó al aborto de la baja en la natalidad y del costo para el sistema previsional, sin aportar datos que respalden esa relación causal.
¿Sigue negando la realidad?
La pregunta que tiene sentido si se contrastan sus afirmaciones con señales que el propio oficialismo reconoce:
– En vísperas del evento, fuentes de Casa Rosada admitían la necesidad de “traducir los resultados del programa económico en el bolsillo de la sociedad” y de dar “estabilidad y crecimiento necesario para planificar su vida personal y familiar”, reconociendo implícitamente que los resultados aún no se sienten en la vida cotidiana.
– Empresarios y cámaras presentes en el mismo Council admitieron que “hay empresas que la están pasando mal”, aunque defendieron el rumbo económico, lo que muestra una brecha entre el relato de “máximos históricos” y la experiencia del sector privado.
– La marcha de endeudados al Ministerio de Economía y la advertencia de Hernán Lacunza sobre más de cinco millones de personas en mora crediticia apuntan a un problema de deuda y acceso al crédito que el discurso de Milei no aborda de frente.
En ese marco, frases como “mirar los datos” y “el consumo está en máximos históricos” funcionan como una negación de la realidad percibida por amplios sectores, incluso cuando desde el gobierno se habla de blindar el cambio y de la necesidad de que la libertad “muestre sus frutos” en bienestar concreto.
Contexto político del discurso
El evento buscaba “despejar dudas sobre la reactivación” y consolidar el rumbo económico ante empresarios, ministros y gobernadores. Pero en paralelo:
– Los gobernadores del norte (incluido Misiones) están renegociando su apoyo “ley por ley”, exigiendo beneficios concretos y ya no solo ATN, lo que indica que el costo político del ajuste y la reasignación de recursos se siente en el interior.
– El mercado sigue preguntándose “¿sigue Milei en 2027?”, con debates sobre dolarización y “blindar el cambio”, lo que refleja incertidumbre sobre la irreversibilidad del modelo.
En resumen: Milei usó el Council para reafirmar su narrativa de éxito macro y ataque a la “casta” de economistas y periodistas, pero varios de sus enunciados chocan con admitidas dificultades sociales y empresariales, lo que alimenta la lectura de que sigue negando o minimizando la realidad que vive gran parte de la población.