El comisario general Marcos David López Asencio deja la Subjefatura de la Policía de Misiones. La decisión, que todavía aguardaba su formalización oficial al momento de conocerse, forma parte de un cambio en la conducción de la fuerza y ubica al director general de Seguridad, Raúl David Maslowski, como su posible reemplazante.
Pero el movimiento policial tiene una lectura política imposible de ignorar. Hasta hace apenas un par de meses, López Asencio recorría sets de televisión y respondía preguntas sobre una eventual candidatura a diputado provincial por el oficialismo. En actividad, con uniforme y jerarquía dentro de la fuerza, su nombre había comenzado a circular como una alternativa novedosa para la renovación del poder renovador.
Con esta línea editorial de adhesión absoluta al Encuentro Misionero presentaban en la televisión estatal de Misiones la precandidatura a diputado de López Asencio. Veremos qué se dirá en estas noches, cuando vemos que cambia, todo cambia.
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La postulación, sin embargo, quedó rápidamente fuera de escena. El experimento monoclonal de Encuentro Misionero, el espacio creado por Carlos Rovira para reorganizar el oficialismo, terminó provocando un efecto inverso al buscado: dirigentes, legisladores y funcionarios comenzaron a emigrar hacia un oficialismo que procura tomar distancia del ideólogo del sistema de poder vigente desde 2003.
En ese reacomodamiento, la candidatura de un jefe policial en funciones perdió sentido. No necesariamente por falta de respaldo, sino porque quedó asociada a una arquitectura política que dejó de ordenar el tablero. Lo que semanas atrás podía presentarse como una señal de renovación terminó pareciendo una pieza fuera de lugar, atrapada entre dos oficialismos: el que todavía reconoce la centralidad de Rovira y el que busca administrar la provincia con mayor autonomía.
El gobierno de Hugo Passalacqua parece haber tomado nota de ese nuevo escenario. Sin las directivas cerradas de Rovira —o, al menos, sin la obediencia automática que caracterizó otras etapas—, la administración provincial dispuso liberar a López Asencio de sus funciones policiales y propiciar su retiro. La medida le permite abandonar la actividad institucional y conservar abierta la puerta de la política.
El mensaje es claro: para ser candidato, primero debe dejar de ser policía. La salida no solo resuelve una incompatibilidad funcional; también transforma una aspiración electoral frustrada en una posibilidad futura. El rovirismo puede sostener aún al uniformado una transición ordenada hacia la arena partidaria.
El antecedente más contundente es Ramón Amarilla, aunque la comparación está lejos de ser lineal. Retirado de la Policía de Misiones, Amarilla se convirtió en referente del reclamo salarial policial y penitenciario. En 2025 fue elegido diputado provincial mientras permanecía detenido por causas vinculadas a aquellas protestas y recuperó la libertad tras la elección, en virtud de los fueros parlamentarios.
Amarilla llegó a la Legislatura desde el conflicto, contra el poder y con un discurso de ruptura. López Asencio, en cambio, aparece como una figura surgida desde la propia estructura estatal y en tránsito hacia la política oficialista que, es cierto, se bifurcó en el camino. Uno capitalizó el malestar de la fuerza; el otro fue convocado como rostro institucional de una eventual renovación.
La diferencia también explica la prudencia del Gobierno. La política puede incorporar policías, retirados o en actividad, pero no tolera con facilidad las zonas grises. El uniforme exige obediencia institucional; la candidatura reclama pertenencia partidaria. Entre ambas cosas hay una frontera que Passalacqua acaba de marcar con una resolución administrativa.
López Asencio queda ahora frente a una nueva etapa. La candidatura que alguna vez pareció lanzada al aire se enfrió junto con Encuentro Misionero, pero su retiro podría devolverla al escenario. En Misiones, como en toda política de largo poder, las derrotas rara vez son definitivas: a veces solo requieren cambiar de uniforme.
Raúl Maslowski, el jefe operativo que sube a la Subjefatura
Raúl David Maslowski es comisario general de la Policía de Misiones y, hasta su designación como nuevo subjefe, se desempeñaba como director general de Seguridad de la fuerza. Su nombramiento se produce tras el desplazamiento de Marcos David López Asencio y lo convierte en el segundo hombre de la estructura policial provincial.
Maslowski no es un recién llegado a la cúpula. Ya integraba la Plana Mayor de la Policía y ocupaba la Dirección General de Seguridad, un área central para la planificación de los operativos preventivos, la distribución de efectivos y la coordinación de los servicios policiales en todo el territorio. La propia guía institucional de la fuerza lo identificaba en junio de 2026 como director general de Seguridad.
Su perfil es, esencialmente, operativo. En los últimos años estuvo vinculado a la conducción de dispositivos de prevención, despliegues territoriales y mecanismos de vigilancia tecnológica. Según la información difundida durante el anuncio de su posible ascenso, también fue director de Monitoreo Electrónico del Centro de Comando Unificado y estuvo al frente del servicio de Emergencias 911.
Ese recorrido lo ubica como un funcionario familiarizado con la estructura de respuesta inmediata de la Policía: cámaras, patrullajes, centros de monitoreo, drones, bodycams y coordinación en tiempo real. En operativos de gran convocatoria, como la Estudiantina de Posadas, tuvo bajo su órbita el despliegue de cientos de efectivos, bomberos, personal del 911 y puestos de comando móviles.
También participó en tareas de articulación con fuerzas de Brasil y Paraguay, especialmente en operativos de control y blindaje fronterizo. En julio de este año destacó el trabajo conjunto entre las policías de los tres países como una herramienta para reforzar la seguridad en las zonas limítrofes.
Una carrera dentro de la fuerza
Los antecedentes institucionales disponibles muestran que Maslowski ya ocupó responsabilidades territoriales antes de llegar a la conducción general. En documentación oficial de la Policía aparece como jefe de la Unidad Regional X, con asiento en Posadas, cargo desde el cual tuvo bajo su responsabilidad el servicio de seguridad en una de las áreas más sensibles de la provincia.
Su trayectoria, por lo tanto, combina conducción territorial y gestión operativa. No se trata de una figura pública asociada a una incursión partidaria, como ocurrió con López Asencio, sino de un cuadro policial formado dentro de la cadena de mandos y con experiencia en áreas estratégicas de prevención.
En los medios provinciales también se convirtió en uno de los voceros habituales de la Policía. Durante 2026 informó sobre la incorporación de 247 nuevos agentes destinados a reforzar la prevención y explicó operativos vinculados con elecciones, eventos masivos y seguridad urbana.
El sentido del cambio
El ascenso de Maslowski puede leerse como una decisión orientada a preservar la continuidad operativa de la fuerza. Su paso desde la Dirección General de Seguridad a la Subjefatura mantiene en el segundo escalón de mando a un funcionario que ya conoce el funcionamiento interno, la planificación de los despliegues y la relación cotidiana con las unidades regionales.
La modificación también marca una diferencia de perfil. López Asencio había quedado expuesto por sus apariciones públicas y por la posibilidad de una candidatura oficialista. Maslowski, en cambio, llega con una imagen más ligada a la administración policial y al trabajo técnico.
A la espera de la formalización definitiva de su designación, el nuevo subjefe aparece como un hombre de la estructura: con recorrido, experiencia operativa y conocimiento territorial. En una fuerza acostumbrada a que los cambios de nombres expresen también movimientos políticos, su elección parece buscar, por ahora, menos campaña y más control del tablero.