Argentina / Política | Desempleo, corrupción e inflación acorralan a Milei en la percepción de la sociedad

La percepción social en Argentina atraviesa un momento de reconfiguración crítica donde el desvelo por la falta de trabajo y la deshonestidad estatal se han consolidado como las principales preocupaciones ciudadanas, superando incluso la urgencia de los precios en la agenda diaria. Según los últimos datos de la consultora Ecolatina, el desempleo se mantiene en el primer lugar del ranking con un 28,6%, seguido de cerca por la corrupción con un 26,2%, una problemática que se percibe como un mal estructural que trasciende las banderas políticas. Para el presidente ultraderechista Javier Milei, este escenario representa un desafío mayúsculo, ya que el desempleo es la única preocupación transversal que une tanto a sus propios votantes como a los de la oposición, convirtiéndose en el principal foco de ansiedad incluso para quienes apoyan al oficialismo.

En paralelo, la inflación ha comenzado a emitir señales de alerta que el gobierno no puede ignorar, duplicando su nivel de preocupación en apenas cuatro meses al pasar del 7,4% al 15,9%. Si bien este registro se encuentra lejos de los picos históricos de hace dos años, el rebote inflacionario de los últimos meses ha encendido las alarmas especialmente en el electorado libertario, para quienes la estabilidad de precios era la principal promesa de gestión. Aunque hoy ocupa el tercer lugar en la lista de inquietudes, la velocidad con la que ha escalado demuestra que la problemática se siente muy lejos de estar resuelta y empieza a figurar nuevamente como un problema central para la base electoral de LLA.

Los argentinos perciben los problemas tal cual son; Desempleo, Corrupción y entró al top tres la inflación. El relato libertario choca contra la realidad del día a día.

La competitividad de Javier Milei de cara a una posible reelección en 2027 parece sostenerse hoy más por la falta de alternativas seductoras que por un encanto genuino con el presente económico. Un síntoma claro de este fenómeno es que, ante la consulta sobre la continuidad del modelo, un contundente 57,6% de los encuestados afirma buscar un cambio, mientras que solo el 36,7% se inclina por seguir el rumbo actual. El apoyo «puro» al presidente ultraderechista se reduce a un 27,5%, mientras que un 13% adicional lo respalda simplemente porque manifiesta no ver «otra alternativa» en el horizonte político, lo que convierte a ese sector en un voto volátil y condicionado estrictamente a los resultados.

Este escenario de «voto por descarte» sitúa al oficialismo en una posición de vulnerabilidad frente a una eventual segunda vuelta en el futuro. Si bien el rechazo a los dirigentes del pasado -especialmente del peronismo- actúa hoy como un escudo para Milei, esa ventaja estratégica podría diluirse si la economía no ofrece resultados satisfactorios que logren relajar los enojos de la sociedad con los gobiernos anteriores. El hecho de que más del 50% de la población manifieste que «no le gusta nada» o «no le gusta del todo» la figura del presidente, marca un techo difícil de perforar si las problemáticas del desempleo y la corrupción no muestran una mejora institucional concreta.

Hacia el futuro, la consolidación del proyecto libertario dependerá de su capacidad para transformar el «espanto» que genera la oposición en un respaldo basado en logros palpables. Si el presidente ultraderechista logra que la economía repunte y el desempleo ceda, podría estar en condiciones de aspirar a un triunfo en primera vuelta; de lo contrario, las rigideces para aglutinar el 50+1 de los votos en un balotaje serán cada vez más evidentes. La sociedad argentina parece estar en una fase de espera, donde el temor a volver al pasado es, por ahora, el único sostén de una tolerancia social que empieza a mostrar grietas ante el avance de la inflación y la falta de trabajo.