En medio de este escenario de fuerte retracción, el Indicador de Confianza Empresarial (ICE) del sector apenas logró situarse en un débil 1,3% durante el mes de enero de 2026. Si bien este porcentaje representa un ligero respiro frente a un año 2025 que estuvo marcado por la desconfianza ininterrumpida y valores negativos constantes, la cifra actual apenas roza la neutralidad y evidencia que los directivos mayoristas aún caminan sobre un terreno sumamente frágil. La persistencia del pesimismo durante todo el ciclo anterior ha dejado huellas profundas en el sector, que hoy mira con cautela extrema cualquier posibilidad de recuperación ante la ausencia de señales claras de un rebote genuino en el consumo.
A una distancia considerable de la preocupación por las ventas, el costo laboral aparece como el segundo factor limitante para el 25,0% de los establecimientos consultados. Sin embargo, el consenso entre los directivos es unánime: el problema raíz no es el gasto en personal, sino la incapacidad de generar ingresos debido a una demanda que no reacciona. Mientras que un cuarto de las empresas sufre la presión de las planillas salariales, más de la mitad de las firmas está enfocada en el desafío mucho mayor de atraer clientes a sus pasillos, lo que marca una prioridad indiscutible en la agenda de supervivencia del sector mayorista.
La situación se agrava por la dinámica inflacionaria y las severas restricciones financieras que asfixian a toda la cadena de comercialización. El 57,5% de los mayoristas reportó haber aumentado sus precios promedio en el último mes para no quedar rezagados frente a sus propios costos, una decisión que inevitablemente impacta en el bolsillo del cliente y profundiza el círculo vicioso de la caída de ventas. Además, el 32,5% de los comercios describe el acceso al crédito como «difícil», eliminando herramientas clave para financiar capital de trabajo o lanzar ofertas por cantidad que logren traccionar el stock acumulado en los depósitos.
Para el trimestre que comprende febrero, marzo y abril de 2026, las expectativas de los empresarios mayoristas se traducen en un ajuste preventivo y una reducción de riesgos. Un 27,5% de los establecimientos ya ha decidido que disminuirá el volumen de sus pedidos a los proveedores industriales, lo que anticipa un enfriamiento en toda la cadena de suministros. Esta estrategia de reducción de inventarios busca minimizar pérdidas ante una rotación de mercadería que no fluye, prefiriendo la prudencia extrema ante un horizonte de ventas que todavía no muestra señales de mejoría en el corto plazo.
Finalmente, el impacto de este estancamiento llega de forma directa al mercado laboral dentro de los grandes centros de venta masiva. Según el relevamiento oficial, el 0,0% de las empresas mayoristas tiene planes de contratar nuevo personal en los próximos meses, mientras que un 22,5% ya prevé reducciones efectivas en sus plantillas actuales. De esta manera, el sector inicia el nuevo ciclo condicionado por la pesada herencia de un 2025 recesivo y la confirmación de que, sin una recomposición urgente de la demanda, el motor del comercio mayorista seguirá funcionando a media marcha.