Alexis Janssen, secretario General de Asuntos Estudiantiles, confirmó que la universidad «no da abasto» para contener a la masa de alumnos que, empujados por el deterioro económico, dependen de los albergues y comedores para no abandonar sus estudios.
Este escenario de «tensión estructural» marca un punto de quiebre: mientras el deseo de formación profesional se mantiene intacto con récords de inscripciones, los recursos destinados a sostener la permanencia de los jóvenes en las aulas se han vuelto insuficientes.
La imposibilidad de cubrir la totalidad de la demanda de alojamiento y alimentación no es un dato menor en una provincia con altos índices de vulnerabilidad. Para muchos estudiantes provenientes del interior de Misiones, el acceso a una plaza en los albergues universitarios o el plato de comida diario en el comedor no son beneficios accesorios, sino condiciones de posibilidad para su carrera. Según Janssen, la situación es «complicada en la cuestión económica», y la brecha entre los pedidos de auxilio y la respuesta que la UNaM puede ofrecer se agranda mes a mes, dejando a una parte de la matrícula en una situación de extrema fragilidad.
Ante la imposibilidad de costear el día a día en la presencialidad —que incluye traslados, alquileres y manutención—, la virtualidad ha dejado de ser una opción pedagógica para convertirse en una estrategia de supervivencia. El caso de la Facultad de Ciencias Forestales, que lanzó la primera carrera 100% virtual con un número récord de anotados, es el ejemplo más claro de este cambio de paradigma. Los jóvenes misioneros están migrando hacia modalidades a distancia no por preferencia, sino como la única vía para esquivar los costos prohibitivos de la vida universitaria en los centros urbanos como Posadas, Oberá o Eldorado.
A pesar de este panorama sombrío, las autoridades universitarias destacan la resiliencia del estudiantado. El «deseo de continuar los estudios» persiste como un motor que impulsa a los jóvenes a buscar alternativas desesperadas para sostener su formación. Sin embargo, este esfuerzo individual choca de frente con un presupuesto universitario que se encuentra congelado o desfasado frente a la inflación de los insumos básicos, especialmente en el rubro alimenticio, que es el que más presiona sobre las arcas de la Secretaría de Asuntos Estudiantiles.
El sistema de bienestar de la UNaM, que históricamente fue un modelo de movilidad social en la región, se encuentra hoy en su punto de mayor fragilidad de los últimos años. La falta de partidas presupuestarias adicionales para expandir el sistema de becas y residencias está obligando a la institución a priorizar casos críticos, dejando a muchos otros aspirantes fuera del sistema de contención. En este contexto, la universidad nacional advierte que su rol como igualador de oportunidades está seriamente condicionado por un escenario económico que amenaza con vaciar las aulas de aquellos que más necesitan del Estado para progresar.