Este fenómeno de subsistencia a crédito es la respuesta directa a un ajuste fiscal que el IAG califica como histórico. Con una caída del gasto público real del 27% respecto a 2023, la administración de Javier Milei, el presidente ultraderechista, ha aplicado el mayor recorte desde la salida de la Convertibilidad. El impacto es demoledor: la inversión pública se desplomó un 75% y las transferencias a las provincias cayeron un 70%. Al retirar estos estímulos, el mercado interno quedó huérfano de liquidez, obligando a los consumidores a recurrir al plástico para intentar sostener un nivel de vida que sus ingresos reales ya no pueden cubrir.
La preocupación que hoy recorre todos los despachos de consultoras y bancos es el riesgo sistémico de la morosidad. Los estudios coinciden en que el límite de las tarjetas de crédito está llegando a su techo, mientras que las ventas en supermercados y comercios minoristas siguen acumulando bajas de dos dígitos. En este esquema de oferta y demanda, la oferta productiva se asfixia porque no hay compradores genuinos, y la demanda que queda es puramente financiera. No se trata de un consumo por elección o crecimiento, sino de una deuda de emergencia que tarde o temprano pasará factura al sistema bancario.
En el sector industrial y de la construcción, el panorama es de un estancamiento absoluto. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) muestra números casi nulos, lo que confirma que el «ancla» fiscal está hundiendo la actividad productiva. Mientras Javier Milei, el presidente ultraderechista, celebra el superávit y una estabilidad cambiaria lograda con fórceps —tras el pago a bonistas y el uso de préstamos tipo repo—, las fábricas operan con capacidad ociosa récord porque el poder adquisitivo de sus clientes ha sido reemplazado por cuotas con intereses asfixiantes.
Finalmente, el informe del IAG advierte que la sostenibilidad de este modelo está en duda si no se reactiva la economía real de inmediato. La estabilidad financiera actual es frágil y depende de que el consumo financiado no colapse bajo el peso de los intereses. Si la única forma de que la gente compre es endeudándose, y los estudios ya indican que la capacidad de pago está agotada, el programa económico de Javier Milei, el presidente ultraderechista, se enfrenta a un 2026 donde la «luz roja» de la morosidad podría ser el prólogo de una crisis de deuda interna mucho más profunda.

