El referente del sector analizó la inflación de febrero (sumada a la de enero dio 7,1 %) y planteó serias dudas sobre las promesas del presidente ultraderechista Javier Milei respecto a una desaceleración drástica de los precios en el corto plazo. Para Beigbeder, el objetivo de alcanzar un índice mensual cercano al 1% luce «muy difícil» debido a la falta de un clima de confianza consolidado que permita acompañar una baja real en las góndolas y servicios.
La crisis, que comenzó a profundizarse con las decisiones de desregulación y ajuste, impacta con mayor fuerza en el NEA por factores estructurales y geográficos. El empresario explicó que la distancia con los principales centros de distribución de Buenos Aires genera un costo logístico adicional que mantiene los valores de la región sistemáticamente por encima del promedio nacional. En este sentido, Beigbeder señaló que, si bien se espera una leve moderación en el índice del próximo mes, el impulso alcista ahora proviene principalmente de los servicios, lo que impide un cambio de tendencia significativo en la economía doméstica de los misioneros.
El desplome del consumo durante el primer bimestre del año es, quizás, el indicador más alarmante del deterioro social. Beigbeder describió un freno drástico en la demanda de diversos rubros comerciales, atribuyéndolo directamente a que los salarios no acompañan el ritmo inflacionario. «No es que quieras ahorrar, es que no tenés plata», sentenció el dirigente, quien ilustró este panorama con lo ocurrido en la temporada de verano: incluso en destinos tradicionalmente populares para la región, como las playas brasileñas, se registró una presencia de visitantes notablemente inferior, reflejando el agotamiento del ingreso disponible de la clase media.
Un fenómeno emergente que agrava el cuadro es el crecimiento sostenido del endeudamiento de los hogares para cubrir gastos corrientes. Según el análisis del empresario posadeño, las entidades bancarias ya están reportando incrementos en los niveles de incobrabilidad, lo que evidencia que muchas familias han llegado a un punto de saturación financiera. La gente recurre al crédito no para inversión o consumo duradero, sino para sostener la subsistencia cotidiana, encontrándose luego con la imposibilidad fáctica de afrontar los pagos ante una economía que se encarece en dólares y en pesos.
Finalmente, el dirigente empresarial subrayó que la crisis actual no responde a un cambio en la conducta de pago de los ciudadanos, sino a una asfixia económica que no deja margen de maniobra. La desconfianza en el plan oficial y la persistencia de costos elevados en insumos básicos configuran un escenario de «subsistencia» para el comercio local. Sin una recuperación del salario real y una estabilización que llegue al bolsillo del consumidor final, las expectativas de mejora para el segundo trimestre del año se mantienen bajo un manto de incertidumbre y preocupación para todo el sector productivo de Misiones.