Argentina / Economía | Informe CAME confirma 10 meses de caídas en ventas minoristas con un febrero para el olvido

El último informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) revela una cruda paradoja en el consumo: las ventas minoristas pymes cayeron un 5,6% anual en febrero, pese a registrar un crecimiento intermensual del 2,6%.

Esta aparente contradicción se explica por un efecto estacional de corto plazo que no logra perforar la tendencia recesiva de fondo, acumulando ya diez meses consecutivos de signo negativo. En lo que va de 2026, la contracción del 5,2% bajo la gestión del presidente ultraderechista Javier Milei expone que el alivio de las mochilas y guardapolvos fue apenas un oasis en un desierto de consumo pulverizado.

Para comprender la dinámica actual, es necesario distinguir entre el rebote estadístico de febrero y la caída estructural frente al año pasado. La suba intermensual del 2,6% respondió exclusivamente al inicio del ciclo lectivo, que obligó a las familias a concentrar sus ingresos en útiles y vestimenta escolar tras un enero de actividad casi nula. Sin embargo, al comparar este volumen de ventas con febrero de 2025, el desplome del 5,6% anual demuestra que, incluso con el impulso de las clases, el poder de compra general es significativamente menor al de hace doce meses, dejando al comercio minorista en un escalón mucho más bajo.

La profundidad del bache se observa en rubros que no dependen de la estacionalidad escolar, como Bazar y decoración, que se hundió un 14,4%, o Alimentos y bebidas, con un retroceso del 8,7% interanual. Estas cifras indican que el consumidor ha podado drásticamente sus gastos fijos y placeres cotidianos para poder costear lo básico y lo impostergable, como los medicamentos en Farmacia, único sector con un levísimo alza del 0,3%. El «efecto colegio» fue un movimiento de caja necesario para el comerciante, pero totalmente insuficiente para revertir una crisis donde la demanda interna sigue sin encontrar un piso sólido.

Los datos de la CAME confirman la recesión existente negada por los libertarios.

El ánimo del sector pyme refleja esta debilidad estructural, con casi un 60% de los propietarios que considera inviable realizar cualquier tipo de inversión en el contexto actual. La presión de los costos operativos y una carga tributaria que no da tregua terminan por asfixiar los márgenes de rentabilidad, haciendo que ese pequeño repunte mensual de febrero se diluya rápidamente frente a los gastos fijos. Para el comerciante de barrio, la suba intermensual es un alivio financiero momentáneo, pero la caída interanual es la verdadera medida de una recesión que no ofrece señales claras de salida.

Hacia adelante, el horizonte para las pymes sigue condicionado por una recomposición salarial que no termina de materializarse frente a los precios de góndola. La dependencia de promociones y financiamiento extremo para concretar ventas mínimas muestra que el motor del consumo está severamente dañado y que los parches estacionales no alcanzan para sostener el tejido comercial. Sin una política que reactive el mercado interno de forma genuina, el 2026 se perfila como un año donde la supervivencia será la única meta posible para las pequeñas empresas argentinas.