Según advierten economistas y consultoras privadas, la desaceleración ya no se limita a los productos básicos, sino que ha comenzado a perforar la capacidad de compra de los segmentos de ingresos medios y altos. Este fenómeno responde a un doble impacto: un nuevo ciclo de deterioro del salario real iniciado a fines de 2025 y un incremento crítico en la morosidad de los préstamos personales, que saltó del 3,3% al 11,9% en apenas un año.
El mercado inmobiliario es uno de los termómetros más claros de este cambio de tendencia, con una baja interanual del 6,1% en las escrituras de la Ciudad de Buenos Aires durante enero. Esta dinámica se replica con mayor fuerza en el sector de electrodomésticos, donde la consultora Vectorial estima una caída real del 18% interanual si se descuenta el efecto inflacionario sobre las ventas totales del último trimestre de 2025. Incluso el turismo emisivo, un rubro históricamente blindado por los sectores de mayor poder adquisitivo, registró en enero su primer retroceso en catorce meses, marcando un punto de inflexión en el comportamiento de los hogares.
Detrás de estos números aparece un factor estructural: el agotamiento del financiamiento como motor de la demanda ante el aumento de la irregularidad crediticia. El especialista Luis Campos señala que las altas tasas y la incertidumbre económica han reducido drásticamente el incentivo para endeudarse, mientras que los datos del Banco Central procesados por Quantum Finanzas confirman que la mora general en los créditos destinados a familias cerró el año pasado en un 9,3%. Esta cifra resulta alarmante si se compara con el 2,6% que se registraba a comienzos de 2025, evidenciando una dificultad generalizada para cumplir con las obligaciones financieras básicas.
La erosión del ingreso disponible ha llegado a tal punto que, según el economista Haroldo Montagu, ni siquiera el percentil más rico de los asalariados registrados ha logrado recuperar el nivel de poder adquisitivo previo a noviembre de 2023. Esta realidad desarticula la expectativa de una recuperación rápida basada en el consumo de sectores altos, ya que el salario real privado formal se ubica actualmente por debajo de los niveles de finales del año pasado. La aceleración inflacionaria ha terminado por licuar los excedentes que antes se volcaban a la inversión en bienes de capital o mejoras para el hogar.
Hacia adelante, el escenario plantea una fuerte volatilidad que dificulta las proyecciones comerciales para el resto de 2026 en los rubros más sensibles. Aunque desde la Cámara Argentina de Comercio y Servicios observan que la recomposición de la canasta de consumo se ha frenado, el sector bancario reporta cinco meses consecutivos de caída en términos reales para los préstamos personales. Con el aumento de la morosidad y la licuación del salario como telón de fondo, el mercado interno enfrenta un proceso de contracción transversal que pone en duda la sostenibilidad de la demanda en todos sus niveles.

