Carlos Eduardo Rovira, el arquitecto del poder en Misiones durante más de dos décadas, enfrenta hoy su ocaso político más abrupto. Lo que comenzó como una fractura interna se transformó en un éxodo masivo que dejó al histórico caudillo con apenas cuatro de las 21 bancas oficialistas en la Legislatura provincial.
El giro se aceleró en junio, cuando el jefe de Gabinete Diego Santilli visitó Posadas: primero se reunió con Rovira para establecer acuerdos y luego tuvo una reunión protocolar con el gobernador Hugo Passalacqua. Entre aquel mes y agosto, pasaron cosas decisivas: Rovira disolvió el Partido de la Concordia Social que llevó a Passalacqua a la gobernación y creó Encuentro Misionero con las mismas autoridades, cabeza del Frente Renovador misionero.
En pocas semanas acumuló renuncias y el pase al Movimiento por lo que Viene, propuesto por el gobernador. El poder cambió de mando a una velocidad pocas veces vista: 17 diputados del partido que reemplazó al creado por Rovira migraron al nuevo espacio y lo dejaron con cuatro de las 21 bancas provinciales del oficialismo rovirista. Una senadora nacional que respondía a Rovira se alineó con Passalacqua y en pocos días más seguirá el éxodo hacia el Movimiento de Passalacqua por parte de los diputados nacionales.
Esta vez, Santilli, que vino a Posadas para una reunión de los gobernadores del Norte Grande, no agendó a Rovira en su programa de actividades. Para rematar, el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, dijo que «Rovira es un fantasma» y que quien gobierna es Passalacqua, cuya eventual postulación a un nuevo mandato saludó con entusiasmo.
De la entrevista de junio al olvido de agosto
En junio, la visita del ministro Diego Santilli a Misiones tuvo un protagonista inesperado: Carlos Rovira. La reunión entre el jefe de Gabinete y el ex gobernador fue amplificada por los medios como el momento clave de la agenda, mientras que el encuentro protocolar con Passalacqua recibió menciones escasas y secundarias.
Los titulares destacaron que Santilli «primero se reunió con Rovira para establecer acuerdos», subrayando que el verdadero poder seguía residiendo en el diputado provincial que durante más de dos décadas digitó candidaturas y cooptó dirigentes. La cobertura reflejaba la percepción de que, aunque Passalacqua ocupaba la Casa de Gobierno, era Rovira quien mantenía el control real de la provincia.
La repercusión mediática de aquel encuentro fue contundente: se habló de «acuerdos estratégicos», de una «alianza que redefine el mapa político» y de la confirmación de que el ciclo rovirista seguía vigente. Los análisis políticos coincidían en que la visita de Santilli a Rovira era una señal de que el Gobierno nacional reconocía en el caudillo misionero al interlocutor válido para la región.
Sin embargo, apenas dos meses después, el guion cambió radicalmente. Para la cumbre del Norte Grande del 12 de agosto, Santilli llegó a Posadas con una agenda centrada en energía, rutas y economía, pero sin incluir a Rovira en su programa de actividades. Los medios que en junio destacaban la reunión con el ex gobernador ahora apenas mencionaban su nombre, concentrándose en Passalacqua como anfitrión y único interlocutor provincial.
El contraste es elocuente: de ser el eje de la visita ministerial en junio, Rovira pasó al olvido institucional en agosto. La cobertura mediática reflejó este desplazamiento con silencios elocuentes y titulares que ya no lo mencionaban como actor relevante. Lo que en junio se celebraba como la confirmación de su poder, en agosto se leía como la certificación de su desplazamiento.
La rápida transformación del mapa político misionero, con el éxodo legislativo y el alineamiento de intendentes y funcionarios con Passalacqua, completó el cuadro de un fin de ciclo que los medios ya no intentan disimular. Rovira, que en junio era el anfitrión invisible de la política nacional en Misiones, en agosto es tratado como un fantasma por sus antiguos aliados.