El gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, participó este miércoles de la 24ª Asamblea de Gobernadores del Norte Grande en Posadas y, en lugar de limitarse a la agenda institucional, se metió de lleno en la interna política de Misiones. Su intervención quedó grabada por una sentencia inusual entre pares: “No puede gobernar un fantasma, un señor ingeniero que no lo conoce nadie, o por lo menos no lo conozco yo. Rovira, creo que se llama”, disparó Sáenz, en referencia directa a Carlos Rovira, ex gobernador y conductor histórico del Frente Renovador misionero.
La ironía fue acompañada de un relato personal: Sáenz contó que en más de una oportunidad le dijeron desde Buenos Aires o del bloque legislativo que “hay que hablar con el ingeniero”, pero que cuando intentó contactarlo por mensaje, nunca recibió respuesta. “Le mandé un mensaje una vez y nunca me contestó. Parece que estaba con los horarios cambiados, porque no vive acá”, dijo, aludiendo a la residencia de Rovira fuera de la provincia.
El trasfondo: Passalacqua vs. Rovira
El comentario no fue un exabrupto aislado, sino un respaldo explícito al actual gobernador misionero, Hugo Passalacqua, en medio de una disputa abierta por la conducción política del oficialismo provincial. Sáenz dejó claro que su apoyo va a quien “fue elegido por la gente”: “El gobernador es él, lo eligió la gente a él. Yo acompaño al gobernador que es el elegido de los misioneros”, sostuvo, abriendo la puerta incluso a acompañar una eventual candidatura de Passalacqua en 2027.
Con esa postura, el mandatario salteño cuestionó el esquema de poder que durante años permitió a Rovira operar como “dueño del partido” sin ocupar el Ejecutivo, tomando decisiones clave “por teléfono” y desde fuera de la provincia. “Lo que sé es que por teléfono digita y dice qué es lo que hay que hacer o no hay que hacer para los misioneros”, afirmó Sáenz, resumiendo la crítica de fondo: la pretensión de conducir la provincia desde las sombras, sin legitimidad de voto ni presencia territorial.
“Se terminaron los capangas”
Antes de entrar en detalles, Sáenz había soltado otra frase que resonó en los pasillos del Parque del Conocimiento, emblema del rovirismo: “Se terminaron los capangas”. Con ese giro, aludió a un modelo de política basado en lealtades personales y estructuras verticales, que ahora, según su lectura, estaría en retirada frente a un proceso de “democratización” en Misiones.
La elección del lugar no fue menor: la cumbre del Norte Grande se realizó en un espacio asociado al proyecto político de Rovira, lo que convirtió la intervención de Sáenz en un símbolo de cómo la disputa interna misionera ya trascendió las fronteras provinciales y se discute en el tablero regional.
¿Del árbol caído, todos hacen leña?
La dureza del lenguaje usado por un gobernador contra un ex mandatario con casi 25 años de hegemonía abre un debate sobre los límites de la crítica entre pares. Para los aliados de Passalacqua, las palabras de Sáenz son un reconocimiento tardío pero necesario de que el poder real debe estar en quien tiene la urna a su favor. Para los defensores de Rovira, la imagen de un “fantasma” que decide todo por teléfono es una caricatura que ignora su rol histórico como articulador del oficialismo y garante de la gobernabilidad en la provincia.
En cualquier caso, la frase de Sáenz marca un punto de inflexión: por primera vez, un mandatario de otra provincia se anima a decir en voz alta, y en suelo misionero, lo que muchos comentan en privado sobre la conducción rovirista. Si eso acelera la “democratización” que pide Sáenz o simplemente suma más leña al fuego de una interna ya encendida, será la próxima movida de Passalacqua y Rovira la que lo defina, si bien es cierto que el ex gobernador tiene su capital político en el último de los subsuelos.