Según los últimos datos del INDEC, la falta de demanda interna se ha consolidado como el principal verdugo de la actividad, afectando de manera directa al 51,9% de los industriales, quienes aseguran que no tienen pedidos suficientes para justificar un aumento en su producción bajo el esquema económico del presidente ultraderechista Javier Milei.
Esta estrepitosa caída del consumo interno ha dejado al Indicador de Confianza Empresarial (ICE) en un terreno profundamente negativo del -18,7%, niveles que, si bien muestran una leve fluctuación mensual, se mantienen por debajo de los registros del tercer trimestre de 2025. La preocupación de los industriales ya no se limita solo a las máquinas paradas, sino que ahora se le suma un deterioro acelerado en la situación financiera de las empresas, acosadas por costos fijos crecientes y ventas que no logran despegar.
La encuesta oficial revela un pesimismo generalizado sobre el estado actual de los negocios: casi el 30% de los empresarios califica su situación como «mala», mientras que apenas un 6,4% se atreve a señalar que el escenario es «bueno». Esta falta de horizontes claros se ve agravada por las dificultades en el acceso al crédito, que para el 35,1% de los consultados ya es directamente «difícil», cerrando así un círculo vicioso de desinversión y estancamiento.
A la falta de compradores locales se le suma un frente externo igualmente hostil. Los industriales señalaron que, en comparación con el trimestre anterior, han empeorado factores críticos como la competencia de productos importados -que ya representa una traba para el 11,8% del sector- y la escasez de mano de obra calificada. Esta combinación de fronteras abiertas y mercado interno deprimido está erosionando la competitividad de las manufacturas nacionales a una velocidad alarmante.
Las proyecciones para el trimestre marzo-mayo de 2026 no ofrecen señales de alivio en el corto plazo. El 23% de los industriales anticipa que los pedidos de la demanda interna seguirán disminuyendo, lo que refuerza la estrategia de supervivencia de la mayoría: un 62,3% planea no realizar variaciones en su volumen de producción ante la falta de incentivos. Sin un mercado que traccione, la industria argentina se encamina a un semestre de fuerte retracción y desafíos financieros inéditos.