Argentina / Economía | El fin del asado misionero: La apertura exportadora vacía la mesa local

La escalada de precios en las góndolas de Misiones ha alcanzado un techo histórico del 40% en apenas unos meses, empujando a las familias a un desplazamiento forzoso de su dieta tradicional hacia proteínas de menor costo.

Gabriel Vidal Rodríguez, referente de la Cooperativa Virgen de Fátima, lanzó una advertencia cruda en FM 89.3 Santa María de las Misiones al asegurar que, en más de tres décadas de trayectoria, nunca se había enfrentado a un escenario de tal gravedad. Esta crisis de consumo no es casual, sino el resultado directo de un bache productivo profundo y de políticas nacionales que priorizan el mercado externo sobre el plato de comida de los argentinos.

El descalce entre los salarios y el mostrador ha provocado un vuelco masivo hacia el pollo y el cerdo, mientras la carne vacuna se convierte en un artículo de lujo inalcanzable. Incluso, el mercado ha comenzado a filtrar carne de búfalo de manera casi invisible para el consumidor, una alternativa que se consolida ante la imposibilidad de costear los cortes tradicionales. Esta «variedad» en la dieta no es una elección saludable, sino la respuesta desesperada de una población que debe decidir qué proteína sacrificar para llegar a fin de mes bajo las actuales reglas de juego.

Detrás de este fenómeno se encuentra la mano del gobierno ultraderechista de Javier Milei, cuya decisión de liberar prácticamente la totalidad de las exportaciones ha acelerado el drenaje de mercadería hacia el exterior. Vidal Rodríguez vinculó directamente la suba de precios local con el reciente convenio con Estados Unidos, señalando que la apertura comercial indiscriminada deja a los misioneros compitiendo en dólares por un kilo de pulpa. En este esquema, el mercado interno queda relegado a las sobras de un modelo que mira hacia afuera mientras las carnicerías de barrio se vacían.

La recuperación del stock ganadero, que hoy atraviesa un bache crítico por años de desinversión, tampoco ofrece soluciones inmediatas, ya que el ciclo biológico de un ternero hasta llegar al plato demanda casi tres años. La apuesta a la ganadería es hoy una moneda al aire que depende exclusivamente de la estabilidad política y de cuánto más esté dispuesta a «bancarse» la gente el ajuste. Sin un horizonte claro, los productores se debaten entre la inversión y la incertidumbre, sabiendo que cualquier cambio en las reglas podría tirar por la borda el esfuerzo de años.

Lo que queda claro en el panorama provincial es que la soberanía alimentaria ha pasado a un segundo plano bajo el dogma de la desregulación. Mientras las cifras de exportación celebran récords, en Posadas y el resto de Misiones la realidad se traduce en heladeras con menos carne roja y una incertidumbre creciente sobre el futuro de la producción. El sector advierte que, de no mediar un equilibrio entre el comercio exterior y el consumo interno, el tradicional asado pasará a ser, definitivamente, un recuerdo de otra época en la provincia.