Un desgarrador informe de la consultora Focus Market, difundido en abril de 2026, revela que la desigualdad ha llegado a niveles intolerables: mientras la macroeconomía se discute en despachos oficiales, en el norte del país miles de argentinos sobreviven con ingresos de indigencia que apenas alcanzan los US$ 8,24 diarios. Esta cifra, que representa un verdadero salario de hambre, expone la fractura de un país donde el acceso a la comida básica se ha vuelto un privilegio de pocos.
El relevamiento desnuda una estructura económica quebrada, con brechas territoriales que condenan a las provincias a diferentes niveles de supervivencia. En la Ciudad de Buenos Aires, el ingreso per cápita permite una disposición de US$ 25,41 por día, una cifra que ya resulta ajustada para el costo de vida metropolitano; sin embargo, en provincias como La Rioja, Chaco y Formosa, el panorama es de una precariedad absoluta. Con menos de 270 dólares mensuales, un trabajador de estas regiones percibe apenas un tercio de lo que gana un habitante de la capital, una diferencia que traduce el concepto de «desigualdad» en hambre real y cotidiana.
La crueldad de estos números se siente en el mostrador: mientras en la capital una jornada de trabajo permite comprar alimentos básicos, en el norte argentino el esfuerzo de todo un día apenas alcanza para medio kilo de carne o unas pocas empanadas. Esta pérdida del sentido de la economía, donde el salario se licúa frente a los precios, ha generado que el crecimiento del que habla el oficialismo sea totalmente invisible para las mayorías. La brecha entre el empleo formal y el informal agrava aún más la herida, con trabajadores en provincias como Chaco o San Luis que ganan un 60% menos que sus pares registrados, quedando totalmente desprotegidos ante la inflación.
Desde la consultora Focus Market, su director Damián Di Pace advirtió que cualquier mejora en las variables macroeconómicas es estéril si no logra revertir esta disparidad abismal. Mientras existan diferencias de hasta tres veces en los ingresos diarios entre provincias, el país seguirá sumido en una crisis de fragmentación social. El informe es contundente: el crecimiento actual no solo no se distribuye, sino que está consolidando una clase trabajadora pobre que, a pesar de cumplir con sus jornadas laborales, no logra reunir los dólares necesarios para cubrir las necesidades biológicas más elementales de sus familias.
Finalmente, el análisis subraya que el desarrollo económico es una ficción si no alcanza a todos los sectores sociales por igual. La falta de inversión genuina y la precarización laboral extrema están empujando a millones de argentinos hacia una economía de supervivencia, donde la estabilidad parece un objetivo inalcanzable. Sin políticas urgentes que detengan la erosión de los ingresos y garanticen una formalización real, Argentina seguirá profundizando este escenario de exclusión, donde tener un empleo ya no es suficiente para escapar de las garras de la miseria más profunda.

