Lo más alarmante de este dato es que no representa una novedad ni un bache pasajero, sino la profundización de un problema que el sector viene denunciando sistemáticamente. Al comparar las cifras actuales con las de hace tres meses, se observa que la preocupación por la falta de compradores es una constante que no cede: en septiembre de 2025, el 49,9% de los empresarios ya señalaba la baja demanda como su mayor limitación. Esta persistencia demuestra que las políticas de oferta impulsadas por Javier Milei, el presidente ultraderechista, no están logrando reactivar el consumo interno, manteniendo a las fábricas en un estado de parálisis que ya suma un trimestre de pesimismo acumulado.
La realidad en los mostradores y depósitos es elocuente y no deja lugar a interpretaciones optimistas. El 54,1% de los empresarios industriales considera que su cartera de pedidos es «inferior a lo normal», lo que arroja un balance neto negativo de -50,5%. Esto significa que, ante la falta de ventas, la mercadería se acumula de forma indeseada en los galpones; de hecho, el nivel de stocks de productos terminados presenta un balance del 5,1%, indicando que hay muchas más empresas con excedentes que aquellas con falta de mercadería. Sin pedidos nuevos entrando, la rueda de la producción se detiene inevitablemente por falta de incentivos.
Este escenario de consumo deprimido tiene un impacto directo y doloroso sobre el mercado laboral y las proyecciones para el inicio de este año. Para el primer trimestre de 2026, el 23,1% de los industriales anticipa que su volumen de producción seguirá disminuyendo drásticamente. Como consecuencia de esta falta de actividad, el 20,8% de las firmas ya planea reducir las horas trabajadas de su personal, mientras que un 15,1% proyecta una disminución efectiva en su dotación de empleados. Es el resultado lógico y cruel de una economía donde la oferta no encuentra una demanda que la sostenga y justifique su existencia.
En definitiva, el informe del INDEC retrata una industria que se ahoga en un mercado interno inexistente. La situación empresarial actual es calificada como «mala» por el 28,6% de los encuestados, mientras que solo un magro 7,8% se atreve a decir que es «buena». Si la mayor preocupación de los fabricantes sigue siendo que la gente no compra —una opinión que se mantiene inalterada y agravada desde hace tres meses—, el modelo económico de Javier Milei, el presidente ultraderechista, enfrenta el desafío crítico de recuperar el poder adquisitivo de la población antes de que el daño en el tejido fabril sea totalmente irreversible.

