El nombre de Orlando Rodolfo Mellino, un jubilado cuya economía debería estar protegida por el Estado, aparece ahora en el centro de un dictamen fiscal tras confirmarse que su cuenta recibió un millón de dólares en USDT (la versión digital de la moneda estadounidense). El envío fue realizado por Hayden Davis, el operador texano detrás de la criptomoneda $Libra, el pasado 30 de enero de 2025. Lo más inquietante para los investigadores es la precisión cronológica del hecho: el dinero impactó en la cuenta del jubilado minutos antes de que Davis publicara en su perfil de X una fotografía junto al presidente Javier Milei, evidenciando una cercanía que hoy pone bajo la lupa la ética de los vínculos internacionales del mandatario.
La investigación, liderada por el fiscal Eduardo Taiano, logró desentramar esta red gracias a que otro inversor estafado, el empresario estadounidense Dave Portnoy, mantiene sus billeteras virtuales públicas. Al rastrear el reembolso que Davis le hizo a Portnoy para acallar el escándalo en EE. UU., los peritos locales identificaron la dirección de origen y, consecuentemente, la cuenta «espejo» en Argentina. Resulta inverosímil que un jubilado de Tigre pueda justificar el movimiento de un millón de dólares que, apenas 13 minutos después de ser recibidos, fueron atomizados en cuatro transferencias hacia un destino todavía desconocido, funcionando claramente como una «plataforma de salida» para blanquear fondos.
Esta maniobra representa la cara más oscura del ecosistema cripto cuando se despoja de todo control estatal, una bandera que el gobierno libertario ha defendido con vehemencia. En lugar de la «democratización del capital», lo que se observa es la utilización de ciudadanos de a pie para operaciones de alta ingeniería financiera que terminan con miles de damnificados en todo el mundo. El hecho de que se use la identidad de un adulto mayor para triangular fondos mientras el impulsor de la estafa se pasea por la Casa Rosada o las oficinas presidenciales, eleva la gravedad del caso de un simple fraude privado a un escándalo institucional de proporciones sistémicas.
Finalmente, el «Criptogate $Libra» deja al descubierto la vulnerabilidad del sistema frente a lo que muchos ya califican como el saqueo del siglo XXI bajo ropaje tecnológico. Mientras la justicia intenta determinar quién operaba realmente la cuenta de Mellino y hacia dónde se fugó el millón de dólares, el silencio oficial sobre la relación con Davis alimenta las sospechas de una complicidad por omisión o desconocimiento negligente. Esta estafa no solo ha licuado los ahorros de inversores incautos, sino que ha utilizado la figura del jubilado -el sector más castigado por el ajuste económico actual- para encubrir los movimientos de una élite financiera que parece moverse con total impunidad en los pasillos del poder.

