Lisandro Benmaor, presidente del Instituto de Previsión Social (IPS), reveló que el costo de los fármacos ha experimentado subas de hasta el 400%, transformando radicalmente la estructura de gastos de la obra social provincial. Lo que hace apenas unos años representaba menos del 20% de la inversión total, hoy se ha disparado hasta alcanzar el 50%, un fenómeno que pone bajo máxima presión la sostenibilidad del servicio para los afiliados misioneros.
Lo que hace apenas unos años representaba menos del 20% de la inversión total, hoy se ha disparado hasta alcanzar el 50%, un fenómeno que pone bajo máxima presión la sostenibilidad del servicio para los afiliados misioneros.
Este escenario «absoluta y completamente adverso», según la definición del propio Benmaor, se ve agravado porque los precios de los insumos médicos y remedios de alta complejidad corren a una velocidad muy superior a la inflación general. La incorporación de nuevas tecnologías y tratamientos de última generación, si bien representan un avance científico, implican un desafío logístico y económico sin precedentes. Para el IPS, garantizar el acceso a estas innovaciones se ha vuelto una carrera de obstáculos financieros donde los montos por paciente pueden alcanzar cifras astronómicas en cuestión de días.
La prioridad del organismo se ha concentrado en el blindaje de las patologías graves y crónicas, que son las que demandan los mayores desembolsos. Con un promedio de 60 nuevos pacientes oncológicos cada mes, el Instituto debe dar respuesta a tratamientos que, en casos de trasplantes complejos (cardíacos o pulmonares), pueden superar los $100 millones solo en el primer mes de atención. Asimismo, enfermedades como la hemofilia exigen una inversión mensual que oscila entre los $20 y $30 millones por afiliado, montos que resultan inalcanzables para cualquier familia sin el respaldo de la seguridad social.
A pesar del asfixiante contexto económico, la conducción del IPS sostiene como una «bandera» irrenunciable la provisión de medicamentos de alto costo y la cobertura de prestaciones críticas. La institución ha tenido que fortalecer su propia estructura de compra y logística para optimizar recursos y evitar el desabastecimiento en un mercado marcado por la volatilidad de precios. Esta capacidad operativa no solo permite sostener la atención propia, sino que en ocasiones sirve de auxilio a otras entidades del sistema que naufragan ante la disparada de los costos internacionales de los insumos.
El desafío hacia adelante no es solo financiero, sino estructural: cómo mantener la excelencia médica en un país donde la salud se ha vuelto un bien de lujo por la desregulación de precios de los laboratorios. El diagnóstico de Benmaor es una advertencia sobre la necesidad de políticas de contención que impidan que el avance de la medicina sea neutralizado por la inaccesibilidad económica. Por ahora, el IPS resiste mediante un esquema de prioridades riguroso, entendiendo que detrás de cada porcentaje de aumento hay una vida que depende exclusivamente de la capacidad de respuesta del Estado provincial. (Entrevista realizada en Radio Up)
Este escenario «absoluta y completamente adverso», según la definición del propio Benmaor, se ve agravado porque los precios de los insumos médicos y remedios de alta complejidad corren a una velocidad muy superior a la inflación general. La incorporación de nuevas tecnologías y tratamientos de última generación, si bien representan un avance científico, implican un desafío logístico y económico sin precedentes. Para el IPS, garantizar el acceso a estas innovaciones se ha vuelto una carrera de obstáculos financieros donde los montos por paciente pueden alcanzar cifras astronómicas en cuestión de días.