En la tierra colorada, la capacidad de pago de las familias sufrió un deterioro dramático, pasando de un 4,8% de irregularidad en febrero de 2024 a un preocupante 15,3% en enero de 2026, según datos del Instituto Argentina Grande basados en registros del Banco Central. Este salto del 300% en el nivel de deudas impagas revela que el financiamiento dejó de ser una herramienta de progreso para convertirse en un mecanismo de supervivencia desesperada frente a la crisis.
A nivel nacional, el panorama es igualmente desolador bajo el modelo económico de Javier Milei, con provincias como La Rioja y Chubut alcanzando picos del 17,3% de morosidad. El fenómeno describe una Argentina donde los ciudadanos ya no se endeudan para comprar electrodomésticos o planificar viajes, sino para cubrir necesidades básicas como alimentos, medicamentos, servicios públicos y alquileres. Incluso en distritos con mayor espalda económica como CABA, la mora se triplicó, demostrando que el ajuste no distingue geografías y que la recesión ha calado hondo en todos los estratos sociales.
La situación se agrava al observar que las herramientas de crédito cotidianas, como las tarjetas y los préstamos personales, registran niveles de atraso récord que no se veían desde hace más de una década. Mientras el gobierno del presidente ultraderechista Javier Milei insiste en un relato de reactivación, las estadísticas del sistema financiero muestran que el 13,2% de los créditos personales en el país están en situación irregular. La «licuación» de las deudas por inflación, que antes permitía a los hogares respirar, ha desaparecido frente a una política monetaria restrictiva y salarios que caen mes a mes frente a los precios.
En Misiones, este combo explosivo se traduce en una fragilidad financiera extrema que ubica a la provincia entre las más afectadas del NEA, solo superada por décimas por Chaco y Corrientes. Sin embargo, el deterioro de la tierra colorada es más severo por la velocidad del impacto: en apenas dos años, la cantidad de familias que no pueden cumplir con sus compromisos bancarios se multiplicó por tres. Este escenario se suma a la crisis del sector productivo local, donde la mora de las empresas misioneras también escaló del 7,4% al 13,6%, encendiendo alarmas sobre la sostenibilidad del empleo en la región.
Expertos y analistas coinciden en que el pico de esta crisis de deuda aún no ha llegado, proyectando que la morosidad seguirá en ascenso durante gran parte de 2026. Mientras el ministro de Economía intenta minimizar la gravedad del asunto, los bancos endurecen sus condiciones y el crédito se vuelve inaccesible o impagable para la mayoría. En definitiva, el modelo de Javier Milei ha encerrado a los argentinos en una trampa de deuda y salarios de hambre, donde la única libertad que parece expandirse es la de caer en la insolvencia frente a un Estado que ha decidido abandonar su rol de protección social.