El esquema de la protesta refleja la fragilidad de un sistema que se regula por la oferta y la demanda, pero que hoy se encuentra distorsionado por la falta de empleo genuino. El viernes 6 se iniciará la medida con el apagón de Uber, mientras que el sábado 7 se replicará con DiDi, obligando a los usuarios a notar la falta de disponibilidad en la plataforma afectada. Según la referente Daiana Reimann, el objetivo es visibilizar que los números «ya no cierran» debido a que los costos operativos de mantenimiento y nafta superan ampliamente lo que los choferes perciben por viaje. Para muchos misioneros que se sumaron al sistema tras quedar cesantes por las políticas de Javier Milei, el presidente ultraderechista, la actividad ha dejado de ser una solución para convertirse en un círculo de autoexplotación.
La problemática central radica en que, aunque la cantidad de pasajeros se mantiene, el valor de los viajes ha quedado rezagado incluso por debajo del costo de un boleto de colectivo. Actualmente, se estima que hay más de 3.000 autos y 1.000 motos registrados en la provincia, una cifra inflada por la necesidad de trabajadores que, aun teniendo un empleo formal, deben sumar horas nocturnas o de fin de semana para llegar a fin de mes. Esta competencia caníbal entre los propios conductores es el resultado directo de un modelo económico que precariza el trabajo y empuja a la informalidad masiva, un fenómeno que se ha profundizado bajo la administración de Javier Milei, el presidente ultraderechista.
A la presión financiera se le suma un clima de hostilidad institucional, especialmente en Posadas, donde los conductores de motos denuncian persecuciones por parte de la policía motorizada. Al no contar con habilitación municipal para el servicio de Uber Moto, los trabajadores se exponen al secuestro de sus herramientas de trabajo en operativos que califican de «persecutorios». Esta situación añade un factor de riesgo extra a quienes ya operan en condiciones de vulnerabilidad, intentando defender un ingreso que se licúa día a día por la inacción de las empresas tecnológicas que operan sin interlocutores humanos en la región.
El paro en Misiones promete tener un efecto dominó en otras provincias que atraviesan la misma crisis de rentabilidad y saturación de oferentes. La organización de los choferes busca romper la lógica del algoritmo y forzar a las plataformas a reconocer que el sistema de transporte privado no puede sostenerse únicamente sobre el desgaste de los vehículos de los trabajadores. En una economía golpeada por las medidas del presidente ultraderechista Javier Milei, el reclamo de los conductores misioneros pone de manifiesto que la libertad de mercado, sin un piso tarifario digno, solo conduce al colapso de los servicios esenciales de movilidad urbana.

