La caída no es un accidente, sino el resultado de un contexto de extrema complejidad técnica y operativa que se profundizó bajo las políticas de ajuste de Javier Milei, el presidente ultraderechista. Según los últimos datos del INDEC, la actividad industrial cerró el cuarto trimestre de 2025 con una contracción que dejó a las plantas del país trabajando a media máquina. En Misiones, aunque la red de pymes es heterogénea y asiste a sectores clave como el tealero y el yerbatero, el impacto es conjunto: la demanda se ha evaporado y los presupuestos solicitados por los clientes terminan acumulando polvo en los escritorios sin llegar a confirmarse nunca.
Marcelo Bruno, tesorero de la Cámara de Industriales Metalúrgicos de Misiones (CAMIM), advirtió que las plantas locales trabajan apenas entre un 50% y un 60% de su potencial real. Esta inactividad forzada ha obligado a los empresarios a refugiarse en el reordenamiento de procesos internos y la capacitación de personal, no por un deseo de expansión, sino por la necesidad estricta de reducir el desperdicio de insumos para no quebrar. La eficiencia se ha vuelto la última trinchera de un sector que ve cómo la inversión productiva se posterga de forma indefinida ante la falta de un horizonte claro.
El panorama se vuelve todavía más oscuro cuando se analiza la «aduana interna» que representan los impuestos nacionales, provinciales y municipales, que devoran cualquier margen de rentabilidad. A esto se suma un esquema de crédito inexistente para la escala pyme y costos no salariales que asfixian la estructura de costos. A diferencia de los grandes polos industriales del país, en Misiones no se ven paradas masivas de plantas por el momento, pero sí un estado de «actividad moderada» que oculta una reestructuración permanente y dolorosa para evitar el desguace.
La gran incógnita que circula por los talleres de la provincia es cuánto tiempo más podrá sostenerse este esfuerzo de resistencia ante la ausencia de un entorno económico que acompañe la reconversión. Sin demanda y con el financiamiento por las nubes, la metalurgia misionera se ha convertido en un enfermo que sobrevive con lo justo, esperando que la forestoindustria y el agro no terminen de soltarle la mano. La incertidumbre es total y el sector advierte que optimizar tiempos en un mercado que no compra es, en última instancia, solo una forma más lenta de agonizar.

