Gerardo Grippo, referente del Movimiento Industrial Misionero (MIM), lanzó una dura advertencia sobre el estado actual del sector, señalando que la capacidad instalada apenas alcanza el 50% en términos generales, con caídas drásticas de hasta el 70% en rubros sensibles como la construcción. En este contexto, la ausencia de una infraestructura que conecte a la provincia con los recursos de Vaca Muerta se consolida como la principal barrera para la competitividad y el desarrollo regional.
La paradoja energética argentina golpea con fuerza en la tierra colorada: mientras el país se jacta de sus reservas gasíferas, Misiones permanece como la única provincia sin un solo kilómetro de gasoducto troncal, dependiendo exclusivamente de la electricidad y la biomasa. Para el MIM, la extensión de la red desde Paso de los Libres no es solo una obra de ingeniería, sino una cuestión de «equidad productiva» indispensable para que las industrias locales puedan competir en igualdad de condiciones con el resto del país. «Sin equidad energética, no hay desarrollo», sentenció Grippo, vinculando la falta de gas natural con la dificultad para atraer nuevas inversiones y generar empleo genuino de calidad.
El diagnóstico industrial revela un círculo vicioso donde la apertura indiscriminada de importaciones y la caída del consumo interno han deprimido la actividad a niveles alarmantes. Este desplome no solo afecta a los balances empresarios, sino que impacta directamente en la recaudación impositiva y, por decantación, en la coparticipación que recibe la provincia, que hoy roza pisos históricos preocupantes. Desde el sector advierten que, mientras el Gobierno de Misiones realiza esfuerzos extraordinarios para sostener la productividad local, el modelo nacional parece ignorar la necesidad de un plan federal que utilice la energía como palanca de despegue y no solo como fuente de divisas.
La preocupación de los industriales misioneros trasciende la coyuntura económica y se enfoca en el daño estructural que provoca el cierre de establecimientos y la pérdida de mano de obra calificada. Recomponer el tejido industrial y la «experticia» técnica que se está perdiendo hoy podría demandar décadas, según las estimaciones del sector. La falta de una política que priorice el costo real de la energía para el entramado interno, en lugar de internacionalizar precios, está empujando a las fábricas a un atraso tecnológico forzado, ya que la capacidad de reinversión en bienes de capital es prácticamente nula bajo las condiciones actuales.
Finalmente, el reclamo hacia la Nación es claro: Misiones exige participar activamente en la definición de las políticas energéticas y que la obra del gasoducto Néstor Kirchner sea incluida de forma efectiva en el presupuesto nacional. La sensación de exclusión en el siglo XXI resulta anacrónica para una provincia que busca diversificar su matriz y agregar valor a sus materias primas. El mensaje del Movimiento Industrial Misionero es una interpelación directa a la dirigencia nacional: para que el federalismo sea una realidad, el mapa del gas en Argentina debe dejar de tener un vacío en el nordeste, permitiendo que el desarrollo deje de ser un privilegio de pocos.