El cruce técnico se centra en la naturaleza de lo que se paga y lo que se toma. Economistas como Christian Buteler y Carlos Rodríguez -ex asesor de Milei- advierten que, al tomar deuda nueva para pagar no solo capital sino también intereses (unos US$ 1.500 millones del total de este viernes), el stock de deuda total inevitablemente sube. «Habrá crecimiento neto de deuda; hay que terminar con la épica del relato», sentenció Buteler, desarmando la narrativa oficial que intenta presentar la operación como una simple sustitución de pasivos.
La fragilidad del esquema actual se manifiesta en varios frentes críticos que los analistas subrayan con preocupación:
Agotamiento de pesos: Para pagar, el Tesoro deberá comprarle los dólares al BCRA usando sus ahorros en pesos (unos $4,1 billones). Esto, según Nicolas Capella (IDB), agotaría el «colchón de liquidez» que el Gobierno usaba para intervenir en licitaciones anteriores.
El puente a ninguna parte: Aunque el crédito REPO se plantea como un «puente» de 372 días, Marina Dal Poggetto (EcoGo) destaca que el problema de fondo persiste: Argentina aún no logra tasas sostenibles para refinanciar su deuda sin depender de acuerdos de emergencia.
Dependencia de utilidades: La única esperanza de recomponer la liquidez del Tesoro parece ser el giro de utilidades del ejercicio 2025 del BCRA, una maniobra que economistas califican, por ahora, como mera especulación.
Para las provincias, y especialmente para economías regionales como la de Misiones, este escenario de «asfixia financiera centralizada» genera una incertidumbre adicional sobre la estabilidad cambiaria de corto plazo. Mientras Caputo insiste en que no hay incremento del pasivo, los números fríos del mercado indican que la «Inocencia Fiscal» no es solo un riesgo para el contribuyente de a pie, sino una característica de un modelo que quema ahorros para llegar al próximo vencimiento sin haber resuelto el acceso real al crédito internacional

